Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com

Todos hablan de él, pero nadie sabe lo que es. Todo progre que se precie repite hasta el hartazgo el adjetivo “neoliberal”, para referirse a todo lo malo que existe. Ecuador, según nos dicen, durmió una “larga noche neoliberal” hasta que los gendarmes del socialismo del siglo XXI lo despertaron. Cualquiera que oye esto se imagina un país enteramente dominado por empresas trasnacionales, hundido por la privatización de todos los servicios estatales, sumido en el caos de la total falta de regulación y medidas de redistribución de la riqueza. No obstante, la historia nos dice otra cosa; nos habla de un Gobierno intervencionista, de décadas de empresas estatales ineficientes, de una legislación laboral sumamente rígida, de una economía dependiente del petróleo, de proyectos de privatizadores que jamás se consumaron, etc.

Uno se pregunta: o la noche neoliberal no fue tan negra, o no tan liberal que digamos; una de dos. Qué mejor para resolver esa duda que el libro de unos de los agoreros intelectuales del despertar socialista, don Alberto Acosta, Breve Historia Económica del Ecuador (edición actualizada del 2006). Ahí hemos encontrado la respuesta. Y, efectivamente, la noche fue muy oscura, pero poco tuvo de liberal. Nos habla de un pasado de subsidios a las empresas monopolistas, de aranceles proteccionistas, de procesos de privatización que nunca llegaron a cuajar, de privilegios estatales a grupos corporativos nacionales o extranjeros. Incluso nos habla de subidas de impuestos que generaron malestar social (subidas del IVA y impuesto a la circulación de capitales).

Acosta en su libro menciona muchas “intenciones” de liberalizar, pero pocas liberalizaciones reales. La obra, eso sí, habla de la “ineficiencia y burocratismo” en la administración pública, de corrupción crónica y beneficio privado en sacrificio del erario público. Como era de esperar, no acusa las causas institucionales de tales males como inherentes al Estado, sino que siempre culpa a la “mediocridad” de la clase empresarial, a la falta de “buena” planificación, la ausencia de ideas correctas, etc.

Lo que nos interesaba también era saber cual es su definición de “neoliberalismo”, conocer exactamente a qué se refiere cada vez que repite cansinamente ese término. Debemos advertir que salimos más confundidos. Porque de la lectura de su libro, sospechamos que ni él mismo lo tiene claro.

En el glosario del libro, señala que el neoliberalismo “revive los principios liberales de la teoría económica, a través de la cual se pretender conseguir la disminución de la intervención estatal, la vigencia de los precios reales, la apertura del comercio internacional y a las inversiones extranjeras directas, etc.”  (entonces, si sólo revive los principios liberales, ¿por qué no llamarle directamente liberalismo, omitiendo el “neo”?).

El problema fundamental es que en su propia obra se contradice constantemente, achacando a la doctrina neoliberal toda una amalgama de medidas estatista que hacen completo cortocircuito con los postulados económicos liberales: monopolios, subsidios, rentas, privilegios estatales, etc. Y no hace falta inferirlo, porque el mismo lo deja claro:

“El discurso liberal quedó marginado cuando el Estado dio paso al salvataje bancario, con el cuál afloró una de las facetas propias de la estructura autoritaria y paternalista de la sociedad ecuatoriana, en definitiva del neoliberalismo realmente existente. Salvataje que representó la entrega de miles de millones de dólares al sistema… El Estado controló por esta vía el 70% del patrimonio y el 60% de los activos de la banca. El salvataje representó solo en el año 1999 casi el 30% del PIB, una de las mayores cifras registradas a nivel mundial….He aquí una de las explicaciones del aumento de la pobreza y la miseria, pues el peso del salvataje se cargó a la sociedad, mientras la mayoría de banqueros ponía a buen recaudo sus propiedades y sus inversiones” (pp. 213-214)

Es decir, define el “neoliberalismo realmente existente” como la negación del “discurso liberal” en la práctica. Quiere decir así que los “neoliberales” no eran consecuentes con el ideario librecambista, porque no vacilaron a la hora de ensayar medidas intervencionistas a favor de los banqueros. Entonces, en este caso, por neoliberales debemos entender liberales-en-pose-pero-estatistas-en-acción. ¿No?

Pero por otro lado dice, relatando los vicios de la avanzada neoliberal: “el Estado ecuatoriano no es simplemente obra de los burócratas y de sus sindicatos, como ahora, en un acto de de cinismo mayúsculo, pretenden demostrar quienes han sido sus principales beneficiarios”. Esto nos sugiere que por “neoliberalismo” se entiende “capitalismo de Estado” (crony capitalism, como dicen los americanos); es decir, un régimen económico en el que las empresas se lucran de favores estatales antes que de una competencia en un régimen de libre mercado.

Ambos usos del término nos parecen aceptables, pero en ningún momento coinciden con la definición que el propio Acosta ofrece en el glosario, porque tanto el Capitalismo de Estado como el intervencionismo bancario constituyen, como señala él mismo, una marginación de los principios liberales.

En conclusión, lo más honesto que puede hacer el autor de la Breve Historia Económica del Ecuador es revisar su definición de neoliberalismo. Sugerimos esta fórmula de un pensador de altura, Roberto Gómez Bolaños: churi churín fun flais.

Y lo más honesto que pueden hacer todos aquellos que se desgarran las vestiduras, y abjuran de un supuesto pasado “neoliberal”, es enterarse un poco mejor del significado de las palabras que repiten mecánicamente. Yo solo les recomiendo uno de los pocos ensayos serios que existe sobre este tema, de Enrique Ghersi.

7 thoughts on “¿Qué es el neoliberalismo? -Churi Churín Fun Flais

  1. Muy buen análisis.
    A la pregunta ¿qué es el neoliberalismo? contestaría que es la deriva economicista del liberalismo tradicional. Es presumir que las personas se mueven pura y exclusivamente por motivos económicos, lo cual no es cierto y es reduccionista. Lamentablemente esta postura está muy extendida y daña la imagen de la sana teoría liberal que cree en la libertad humana subjetiva, sin más. Es cierto que la extracción de conclusiones a partir de este axioma es menos ambiciosa que en el neoliberalismo pero, al menos, no lleva a los enormes errores a los que conducen las teorías monetaristas, etc.

  2. “…presumir que las personas se mueven pura y exclusivamente por motivos económicos”

    Moverse por motivos exclusivamente economicos no significa razones “monetarias” hay una gran diferencia.

    La motivacion economica no es nada mas que tomar decisiones sobre nuestra existencia midiendo los costos de oportunidad asociados.

    Por ejemplo: si decido mentirle a mi esposa diciendole que no se ve gorda cuando esta embarazada es una accion meramente economica. Lo mas probable es que haya medido los costos de decirle la verdad (si es que en efecto se ve gorda) y opte por darle la respuesta que mas convenia economicamente.

    Todos analizamos las cosas economicamente segun un principio universal de interes propio. Que por ser propio no quiere decir que sea egoista ni poco solidario. Solo quiere decir que nuestras decisiones se basan lo que cada uno considera es lo mejor.

    La interaccion de los esfuerzos individuales de cada persona que resguarda sus propios intereses se llama mercado.

    En resumen es incorrecto asumir que la teoria economica es igual al monetarianismo. El estudio economico va mucho mas alla de esto.

    1. Daniel:
      Muchas gracias por el comentario. La crítica que hacía al neoliberalismo apuntaba a que, en ciertos casos, algunos de sus representantes parten de la base de que las personas se mueven exclusivamente por motivos crematísticos (en ese sentido hablaba de motivos económicos). Coincido, sin embargo, contigo en que el término “económico” es más amplio. El punto es que algunos autores terminan sometiendo a las personas a cierto determinismo (negando la libertad que subrayaba el sano liberalismo) y llegan a justificar la regulación imperativa siempre que se ajuste al criterio de “eficiencia económica” que no sería más que el que, supuestamente, lleve a mayores beneficios crematísticos.
      Sin ser economista, me da la sensación de que las teorías monetaristas caen tambien en semejantes problemas. Como dice Huerta de Soto en una de sus clases: “son el mismo perro con distinto bozal”.
      Un saludo.

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