Por Johan Norberg, académico asociado del Cato Institute y autor del libro In Defense of Global Capitalism (Cato Institute, 2003), traducido y publicado por elcato.org.

“Lo peor de la tormenta ha pasado”, declaró Barack Obama a principios del año pasado. Por su parte, Gordon Brown aseguró a Gran Bretaña que las especulaciones sobre tiempos difíciles venideros “simplemente no eran ciertas”. Ambos hablaron de cuán determinados estaban en sanear sus economías, pero no pareció importarles utilizar las mismas técnicas que crearon la burbuja anterior. El rescate a los bancos y los enormes paquetes de estímulo sí han logrado que prestemos, gastemos y especulemos nuevamente. Las tasas de interés de los bancos han caído a niveles históricamente bajos, brindando crédito barato a los mercados de bienes raíces y financieros. El ánimo en este año es de optimismo cauto. Todo sería tranquilizador, si solo no fuese tan inquietantemente similar al pasado reciente.

En el 2003, luego de que el estallido de la “burbuja punto.com” y los ataques del 11 de septiembre sumieron a EE.UU. en una recesión, todos querían que continuara la fiesta de consumo financiada con deuda. No es que lo hayan dicho de esta manera. Se usaron eufemismos, así como sucede ahora: debería haber “respaldo” estatal, un toque de Keynes. El Premio Nobel de economía Paul Krugman le pidió a Alan Greenspan “crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja de [la bolsa de valores] Nasdaq”. El titular de la Reserva Federal le hizo caso, recortando las tasas de interés a niveles históricamente bajos. En Gran Bretaña, las tasas de interés base se redujeron en un 50% entre 2000 y 2003. El dinero era lo suficientemente barato como para que todos prestaran de nuevo y volvieran al mercado. Los precios de las viviendas se dispararon. Todo esto parecía ser prosperidad. Las burbujas muchas veces aparentan serlo.

Nada es más peligroso que una idea cuando esa es la única que usted tiene. Hay un amplio consenso de que la crisis financiera del 2007 fue al menos en parte el resultado de tasas de interés históricamente bajas, gigantescos déficits y consumo de gran escala financiado con crédito. Hoy, los gobiernos alrededor del mundo están intentando resolver la crisis mediante tasas de interés históricamente bajas, gigantescos déficits y consumo de gran escala financiado con crédito. En esta ocasión, también están utilizando medios más novedosos de crear dinero fácil: rescates a los bancos, paquetes de estímulo y relajamiento cuantitativo. Una vez más, ha producido resultados: las compras navideñas fueron abundantes. Pero nadie ha preguntando cuántas de esas cuentas de compras navideñas fueron pagadas con dinero prestado.

A pesar de todo lo que se habla de austeridad, los gobiernos alrededor del mundo planean pasar el 2011 y más allá endeudándose como locos. Los países ricos del mundo han aumentado su deuda en alrededor de un 50% durante los últimos tres años, de acuerdo al FMI. Tales estadísticas muchas veces podrían parecer insignificantes, pero durante la campaña para las elecciones generales en el Reino Unido, David Cameron encontró una manera de hacerlas reales. Él develó un póster que decía que un bebe nacido hoy debería 17.000 libras ($26.334) solo en deuda pública. De acuerdo a sus propios cálculos, esa carga aumentará a 21.000 libras ($32.536) dentro de cuatro años. Menos de lo que habría sido sin los recortes de gasto implementados por su gobierno, seguramente, pero una cifra impresionante de todas maneras.

Todos los gobiernos apuestan a que podrán seguir pidiendo prestado tales cantidades de dinero a tasas muy bajas. Pero puede ser que los mercados tengan otros planes. Veamos la evolución de esta crisis. El colapso se dio porque los hogares consumieron demasiado, transfiriendo sus deudas a los bancos. Los bancos endosaron estas deudas a los gobiernos y, como vimos con Irlanda, incluso los gobiernos podrían tener problemas con saldarlas. Por ende, están transfiriendo sus deudas a la Unión Europea. Pero, ¿a quién le endosará la UE estas deudas cuando su tarjeta de crédito llegue a su límite?

Grecia e Irlanda no solamente no tienen liquidez, sino que además son insolventes —y nada se resuelve asumiendo préstamos nuevos y más grandes cuando ni siquiera pueden pagar los anteriores. Si Irlanda o Grecia incumplen con el pago de su deuda, forzando a los acreedores a sufrir profundas pérdidas, los mercados se podrían asustar y esto podría ser la gota que derrame el vaso.

Los mercados le están prestando miles de millones a España (e Italia, Bélgica, tal vez también a Francia) porque los inversionistas suponen que, mientras que los países en sí podrían estar en bancarrota, alguien más garantiza la inversión. Estoy seguro que yo no fui el único al que su banco le dijo que era seguro invertir en deuda de la periferia de Europa (Irlanda, por ejemplo) ya que la UE siempre intervendría en lugar de permitir que estos quiebren. Los mercados de bonos soberanos entraron en pánico cuando Angela Merkel sugirió que los inversionistas algún día tendrían que asumir sus propias pérdidas.

Si empiezan las moras de pago —o si se le ocurre a los mercados que el Fondo de Estabilidad Financiera de la Unión Europea no tiene ni la mitad de lo que se requeriría para salvar a España, la novena economía más grande del mundo— entonces los inversionistas podrían darse a la fuga. Y esto, para David Cameron y George Osborne, produciría algunas sorpresas profundamente desagradables. ¿Qué les pasaría a los bancos ingleses que han prestado más de $110.000 millones a España, o a los bancos franceses que le prestaron $162.000 millones o a los alemanes que le prestaron $182.000 millones?

Este año está lleno de riesgos para las naciones más endeudadas de Europa. Los bancos españoles ya están muy frágiles e —incluso en la mejor de las circunstancias— necesitan pedir prestado unos impresionantes $111.000 millones este año. Cualquiera que les preste este dinero podría detenerse a reflexionar que su exposición a Portugal, probablemente la próxima pieza en caer, es de casi $80.000 millones. Para pagar deudas viejas, necesitan encontrar nuevos acreedores. Desde mayo a junio, el gobierno de Portugal debe pedir prestado $10.000 millones a los mercados para sobrevivir. Durante esos mismos meses, España necesita más de $15.000 millones, incluso si no incurre en un solo euro de déficit durante este año.

Tomando en cuenta esto, el 2011 se ve tan horrible como el 2008. Nuevamente los bancos están haciendo agua, esperando poder seguir pidiendo prestado —e intentando echar mano a la mayor cantidad posible de capital para cubrir sus pérdidas. Aún así su riesgo es el mismo que la última vez. Hemos visto lo nerviosos que se pueden poner los mercados mundiales y lo perjudiciales que pueden ser las consecuencias. Solo se necesitó que colapsara un banco importante —Lehman Brothers— para que los mercados mundiales se asustaran tanto que evitaron prestarle a cualquiera. En ese entonces, fueron los bancos los que cayeron como fichas de dominó. La próxima vez, podrían ser los estados.

El paquete de “estímulo” de Barack Obama (nombrado por sus intenciones, más no por sus resultados) se basa en su creencia de que EE.UU. podrá seguir pidiendo prestado cuánto desee debido al estatus del dólar como moneda de reserva mundial. Pero conforme EE.UU. continúe con su relajamiento cuantitativo —esto es, imprimiendo dinero— el dólar podría dejar de parecer una inversión tan segura. Las percepciones pueden cambiar rápidamente, especialmente para EE.UU., país que tiene que renovar alrededor de la mitad de su gigantesca deuda nacional cada año. Durante los últimos seis meses, el Tesoro de EE.UU. ha tenido que aumentar a 3,5% el interés que paga sobre sus bonos a 10 años —un punto porcentual entero por encima de lo que pagaba este verano. Si el costo de prestar del Tío Sam continúa subiendo a este ritmo (España está pagando 5,5% e Irlanda 8,5%), el déficit de EE.UU. empezará a verse como un agujero negro.

A estas alturas, es común decir: gracias a Dios por esas economías dinámicas en el Este Asiático, India y Brasil. Pero, ¿qué tan real es su impresionante crecimiento? Observémoslo detenidamente e incluso esto podría ser en parte el resultado de un estímulo artificial. El crecimiento de la India y de Brasil está financiado con capital golondrina del extranjero: dinero que podría desaparecer de la noche a la mañana. El dinero fácil siempre termina en algún lugar. La última vez fue en bienes raíces, esta vez en los mercados emergentes (y muchas veces en los mercados de bienes raíces de los mercados emergentes).

La riqueza y las perspectivas de China deslumbran a un Occidente enterrado en deuda. “Dinero, dinero en todas partes”, dijo el economista de Pekín Patrick Chovenec en un reciente análisis de China. “Llena de carros lujosos, condominios y joyas caras, los chinos están disfrutando de lo que parece ser una bonanza sin fin”. Los precios de los bienes raíces de lujo en algunas de las ciudades más ricas se han casi duplicado en dos años. Los precios en el mundo financiero también están aumentando, provocando que el gobierno apriete los frenos.

En realidad, esto no es el resultado de mejores perspectivas económicas sino de un shock monetario. Dejando a un lado los flujos entrantes de capital extranjero, China tuvo su propio paquete de estímulo, tan grande como el de EE.UU. Pekín ha impreso yuanes y presionado a los bancos y gobiernos locales para que gasten como keynesianos borrachos. De manera absurda, la oferta de dinero en China ahora es más grande incluso que aquella de EE.UU., aún cuando su economía tiene un tercio de su tamaño. Podemos ver los resultados de este estímulo en los precios en la bolsa de valores y en los nuevos puentes, carreteras y complejos residenciales a lo largo de todo el país.

No es que alguien quiera usar esas carreteras o vivir en esos edificios. En agosto, la empresa más importante de energía en China reportó que una cantidad asombrosa de 65,4 millones de residencias no han consumido electricidad alguna durante los últimos seis meses —una señal confiable de que estas siguen vacías. Ahora hay ciudades fantasma, como la nueva Ordos al norte de China, donde decenas de miles de edificios permanecen vacíos. Y aún así los precios de las viviendas en Ordos se han duplicados durante los últimos tres años. Esto no se debe a la demanda popular, sino a pura especulación. En algunos lugares, se habla de China como si fuese la última esperanza que tiene la economía mundial. Pero podría ser la próxima burbuja en explotar.

En la película original de Superman, el héroe rescata a Lois Lane cuando ella se cae de un rascacielos. “No se preocupe, señora, yo la salvo”, dice él en el aire. “¿Usted me salva? ¿Quién lo salva a usted?”, responde ella. Esta es la pregunta que nadie se está haciendo ahora. Si China nos está prestando a nosotros, ¿quién le está prestando a China? Si los gobiernos están salvando a los bancos, ¿quién salvará a los gobiernos? Si la Unión Europea está ofreciendo una red de seguridad, ¿quién estará ahí para rescatar a la UE? Hay otras preguntas que no se están haciendo: ¿qué país, en la historia económica reciente, ha salido exitosamente de una crisis mediante préstamos? ¿Por qué funcionaría ahora? ¿Cómo podemos justificar que carguemos a la siguiente generación con una deuda de esta magnitud?

“El problema con el socialismo”, dijo una vez Margaret Thatcher, “es que eventualmente a usted se le acaba el dinero de los demás”. Esta vez es peor: estamos quedándonos sin el dinero de nuestros hijos y nietos. Estamos asumiendo que tendremos una oferta sin fin de dinero prestado y no tenemos un plan de respaldo si esta oferta se detiene. La situación podría parecer segura en este momento. Todavía podemos pedir prestado fácilmente de los mercados internacionales. También lo podía hacer Lehman Brothers el 12 de septiembre del 2008 —el día antes de que el banco colapsara.

Soy un optimista por naturaleza. Cada generación parece cometer terribles errores y aún así hemos logrado crear la civilización más rica de la historia —entonces es bastante probable que también logremos salir de esta crisis financiera. A largo plazo. Pero nuestra dependencia en el endeudamiento solo puede hacer que ese largo plazo sea incluso más largo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Spectator (Reino Unido) el 1 de enero de 2011.

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