Por Aparicio Caicedo C., editor de Tartufocracia.com.

En Ecuador, el Gobierno está actuando como un padre querendón, pero irresponsable, fantoche. Como ese padre que se gana a su familia (o sus votos) con regalos que después no puede pagar. La prole celebra mientras dura la fiesta, mientras la ilusión de prosperidad permanece. Las empresas locales celebran las medidas proteccionistas que los hacen más prósperos, los contratos del Estado que se ganan, mientras más gente encuentra trabajos en lo público y se siguen financiando consumo con deuda fácil. Etc. El problema vendrá cuando nos demos cuenta que todo se trata de una farsa, cuando llegue el chuchaqui económico.

La economía ecuatoriana está viviendo una ilusión, una burbuja inflada con gasto público. No se trata del resultado de una mayor competitividad alcanzado con esfuerzo y ahorro, no es que esté atrayendo más inversión extranjera, ni que las exportaciones se hayan diversificado. Se trata, por el contrario, de deuda y más deuda. El Gobierno ha elevado el peso del sector público no financiero hasta el 40 por ciento del PIB, repartiendo un festín de sueldos, subsidios, y gasto. Más gente con más dinero para gastar, felices mientras la fiesta siga.

¿Tienes un problema?, ¿que Estados Unidos nos cierra el grifo arancelario?, pues no te preocupes: aquí tienes parches momentáneos para solventar tus  “problemas de liquidez“. ¿Que no hay dinero para construir casa?, pues que el Estado empiece a dar préstamos a mansalva, con dinero que no tiene, sin importar si creamos una burbuja inmobiliaria interna. Lo importante es el efecto inmediato, porque en el largo plazo, como decía Keynes, todos estaremos muertos (o por lo menos fuera del Gobierno; ¡que le reclamen al siguiente!). Todo plan– A, B, o C–se soluciona por la vía fácil.

¿Y de dónde sale este dinero? En primer lugar, hay que tener claro que no se trata de nueva riqueza creada por el Gobierno, sino de una redistribución de recursos arrebatados a los empresarios mediante el cobro de impuestos. No es que Ecuador sea más rico, que estemos produciendo más y mejor. El nivel de gasto es tan grotesco que ni los ingresos petroleros alcanzan para cubrirlo. El dinero sale además de deudas contraídas con el democratísimo Gobierno chino, o del dinero de los afiliados al IESS ($2200 millones, y sigue contando), del BID, de la CAF; 100 millones por aquí, 250 por allá (son millones de dólares que serán pagados con la riqueza que no se ha creado todavía). Total, cualquier cachuelo, de aquí o de allá, vale. El numerito sigue. En 2010, el presupuesto Estado ecuatoriano llegó al 42,2% del PIB.

Como esos padres irresponsables que le compran de todo a sus hijos con dinero prestado, así tiene el Gobierno de Rafael Correa a sus súbditos ciudadanos. Los que menos tienen, cobran un bono solidario. Los que tienen la suerte de encontrar un trabajo en el Estado, reciben un generoso sueldo. Los constratistas del Gobierno, se llenan los bolsillos con cada novelería del régimen, que por lo general implica salir de compras a lo grande (y lo hacen legalmente, ojo). Se están construyendo más hospitales, portales de Internet de tecnología punta, y la Ruta del Sol está mejor que nunca. Pero, recuerden siempre, que mientras la música suena y el alcohol rueda, nadie hace demasiadas preguntas, la gente sólo se divierte (pregunten en España si alguien ponía un pero cuando la burbuja estaba a rebosar). La bola de endeudamiento crece y crece, y la hoja de la guillotina se hace más pesada.

Mientras esa herencia interminable llamada petróleo siga animando la irresponsabilidad fiscal, se llegará al próximo año, y se seguiran comprando votos con dinero ajeno invertido en elefantes blancos (TV y radio pública, por citar uno de muchos ejemplos). La mentira puede seguir poco tiempo, o mucho, dependiendo de los golpes de suerte del destino. Pero el sector privado seguirá en la incertidumbre, sin subir en dinamismo, en productividad, algunos pocos contentos con contratos públicos o disfrutando de aranceles proteccionistas.

La historía leída a medias.

Nos llenan de leyendas sobre un aterrador pasado “neoliberal”. Mentiras y más mentiras, mitos. El Estado es lo que ha entorpecido el desarrollo económico del Ecuador. Llevamos décadas con un código laboral de orientación marxista, de experimentos arancelarios que se han probado nocivos una y otra vez, de bonos de ayuda a la pobreza y despilfarro fiscal en obra pública, de empresas estatales ineficaces. Ni los propios agoreros del supuesto infierno “neoliberal” lo niegan, sea porque no saben muy bien de lo que hablan, o sea por verdadero cinismo.

En primer lugar, ningún país ha salido sólidamente del subdesarrollo sin abrirse al capital, sin relajar lo más posible sus restricciones a la empresa privada. Tenemos por principal ejemplo a los países nórdicos, que encabezan todos las listas de apertura al capital y cobijo a las iniciativa privada. Dinamarca, por ejemplo, ha flexibilizado su legislación laboral más que cualquier otro país europeo, dando más dinamismo a su economía, junto con una rigurosa disciplina fiscal. Alemania hoy es un oasis de prosperidad y creación de empleo, gracias también a que rompieron los esquemas socialistas de la rigidez laboral. España transitó el camino contrario, y hoy tienes los mayores índices de desempleo del universo industrial. Los propios sindicalistas germanos (no precisamente un nicho intelectual de liberalismo económico) recomiendan a sus pares españoles que sigan el ejemplo de su país, y que no aten el incremento de sus salarios a la inflación, sino al incremento de la productividad empresarial.  ¿Qué ejemplo sigue Ecuador? El que se ha probado caduco, el que ha sumido a España en la pesadilla que vive, el de la demogagia retórica de un  salario supuestamente “digno“.

Por su parte, el otro cliché preferido de la mitología socialista, Suecia, se encuentra en un proceso de reducción de su aparato de bienestar yprivatización de empresas estatales, incluyendo al sacrosanto sector educativo. Estocolmo da el dinero a los padres para que estos elijan en donde matricular a sus hijos, sea en centros públicos y privados con ánimo de lucro. Todos estos son ejemplos de países que han sorteado la actual crisis con mucho más éxito que el resto de Europa, todos ellos han establecido una rigurosa disciplina de gasto fiscal. Tienen algo muy claro: para distribuir riqueza, hay primero que crearla. Son paternalistas, sin duda, pero al menos actúan como padres responsables,  no como el Gobierno del Ecuador.

Y lo peor es que tenemos muchos ejemplos, muy próximos. Uruguay, gobernada por la coalición de movimientos de izquierda, Frente Amplio, y específicamente por un ex-tupamaro, tiene la legislación más liberal de toda Latinoamérica en materia empresarial, y encabeza junto a Chile el ranking  de libertad económica en la región. Por empezar, exime del impuesto a la renta aquellos ingresos provenientes de fuente extranjera. Es decir, si tributas en Uruguay, y vendes bienes o servicios a otro país, no pagas impuesto a la renta por lo que ganes en ello. Además, en pleno Montevideo proliferan zonas francas en las que miles de empresas producen en un régimen tributario especial. Su agenda socialista no ha sido mermada por sus ansias librecambistas ni un ápice, pero tienen claro que lo más importante es mimar a la empresa privada, el origen de la riqueza y de los propios recursos del Estado.

Ecuador no ha cambiado en décadas, sigue por la misma senda de estatismo botarate que lo ha condenado al subdesarrollo, financiado con petróleo. Ahora se emplean argumentos más esotéricos, eso es lo único diferente.

2 thoughts on “Socialismo en Ecuador: el padre irresponsable

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