El Presidente de la Academia de Cine Español, Alex de la Iglesia (objetor del proyecto de ley), junto a Ministra Sinde.

Mario Šilar, EBEN – European Business Ethics Network, profesor de la Universidad de Navarra y la Universidad de Deusto.

 

 

Las críticas abundan sobre la supuesta opacidad de los mercados. Sin embargo, la falta de trasparencia no se denuncia allí donde efectivamente sucede, en las entrañas del Estado. En días pasados, nos enteramos del acuerdo político entre las grandes fuerzas políticas de España para aprobar con algún retoque—que ni cabe llamar enmienda— la ya tristemente célebre Ley Sinde. Finalmente, el Senado ha dado el visto bueno a la disposición segunda de la Ley de Economía Sostenible. Al ser consultado sobre la transparencia del procedimiento de negociación, David Bravo afirmó: “Nos enteramos de su contenido cuando se cerró definitivamente el acuerdo. Así de transparente ha sido”. Mayor opacidad legislativa es difícil de encontrar. Parece que el gurú de algunos demócratas sigue siendo Otto von Bismarck, conocido por su opinión sobre embutidos y legislación: “con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver como se hacen”.

En todo caso, y con independencia de la opacidad que haya habido durante su elaboración y tramitación parlamentaria, lo que resulta grave es la insensatez de las evaluaciones posteriores que ofrecen los agentes comprometidos en la defensa para impulsar la entrada en vigencia de esta nueva normativa.

Por citar algunos ejemplos, el director del “Instituto Ibercrea” –nombre algo paradójico– sostiene que la normativa “reducirá los negocios parásitos en España y dificultará el acceso a los negocios parásitos internacionales”. Por su parte, el presidente de PROMUSICAE, mucho más crudo en lo sesgado de su valoración, afirma: “Esperemos que funcione. Si no, habrá que retocarla y seguir mejorándola. La lucha contra la piratería es un proceso dinámico y permanente y como tal hay que abordarlo. En cualquier caso, no podemos olvidar que esta ley es sólo un primer paso y que sólo afecta a una parte del problema. En este sentido, al ser una solución parcial (olvida el P2P) no puede ser sin duda la solución definitiva al problema”. Opiniones de este tipo parecieran no terminar de entender la velocidad de vértigo que envuelve al fenómeno de la tecnología contemporáneo. Afortunadamente. Si bien la propia lógica de la regulación y del control supone, por principio, ir a la zaga de lo que intenta regular y controlar; la brecha entre “la lógica” de la regulación y “la actividad o interacción cooperativa” que se pretende regular se ha acentuado notablemente en los últimos años. En este contexto, una demora de seis meses para aprobar una ley de “regulación de las descargas por Internet”, además del tiempo que implique su reglamentación y efectiva puesta en vigor conduce irremediablemente a que esta normativa esté desfasada desde el instante de su entrada en vigor (este ejemplo de “prueba de concepto” ya lo pone de manifiesto).

Lo que resulta inquietante es que aquellos que defienden esta nueva regulación tienen, previsiblemente, conocimiento de este hándicap; y, sin embargo, siguen adelante. Además, importantes referentes como Javier Alonso, Javier de la Cueva y David Bravo ya lo han advertido en varias ocasiones. Entonces uno se pregunta, ¿y por qué siguen adelante? Si bien las tentativas de respuestas bien podrían introducirse por el retorcido mundo de las teorías conspirativas, para entender este escenario me parece mucho más adecuado el marco teórico de la psicología social. Los incentivos perversos, propio de la lógica de la acción colectiva, unido a la lógica del temor, que tan bien han sabido percibir algunos actores involucrados, creo que ofrecen un marco de comprensión y explicación mucho más adecuado para entender esta actitud.

Frecuentemente, algunas personas prefieren responder con la pretensión de causar miedo al miedo que están padeciendo. Sin embargo, quien se introduce en este sendero creyendo que se trata de un juego de suma cero, en el que se pretendería causar por lo menos tanto miedo como el que se está sufriendo, en verdad, termina envuelto en pánico. En este sentido, resulta significativo que ante la previsible ineficacia de esta normativa ya se esté hablando de introducir futuras “mejoras” para lograr un mayor control de la situación. Estos nuevos “aprendices de emperadores” saben que se enfrentan a una tarea casi tan imposible e irracional como la de quien pretende recoger el agua del mar con las manos y, no obstante, se lanzan en una huída hacia adelante que no les ofrece muchas esperanzas. El emperador Dioclesiano, que parece haber tenido un poco más de poder que el lobby de la industria cultural (al menos, eso espero), no dudó en introducir el tristemente célebre Edictum De Pretiis Rerum Venalium (301) por el que, luchando contra otro océano –el de la inflación–, pretendía fijar los precios máximos de los bienes de consumo ofrecidos en el Imperio, instaurando la pena capital para quienes no respetaran su mandato. La historia da buena cuenta del fracaso de la tarea, ya que la magnitud de consecuencias no intentadas que generó el edictum (mercado negro, eliminación de la producción, venta ilegal, trueque, y demás) hizo prácticamente nulo el pretendido poder disuasorio de la pena.

En nuestro caso, ofrece cierto consuelo observar que una de las consecuencias no intentadas de la pretendida criminalización de los intercambios de archivos y contenidos multimedia a través de Internet es el refuerzo de incentivos para la innovación y creación de nuevas herramientas y software. Estas nuevas herramientas buscan facilitar y dinamizar estos intercambios, al tiempo que refuerzan la privacidad y el derecho a la intimidad, durante el proceso de descarga o intercambio. Los agentes con mentalidad tecnócrata y reguladora no pueden evitar, en sus intentos de control y regulación, alentar un marco de interacción que incentiva el desarrollo de nuevas herramientas tecnológicas, más eficaces y de mayor dificultad para ser reguladas.

Se trata de un pequeño consuelo, en un contexto en el cual la libertad de expresión y el derecho a la intimidad de las comunicaciones están siendo severamente amenazadas. El que no se conforma con poco es porque no quiere…

***

En medio de este debate, una mención especial merece la heroica actitud de Álex de la Iglesia. En estos tiempos, ver que una persona, independientemente de sus intereses e incentivos personales, es capaz de tomar distancia de la situación, juzgar conforme a lo que en conciencia considera verdadero y actuar en consecuencia (a pesar de los dolores y enemistades que ello pueda implicar), resulta tan asombroso como poco común. Un ejemplo digno de imitar.

2 thoughts on “Ley Sinde e innovación: emulando a Dioclesiano

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s