Traducción de Mario Šilar,  Senior Researcher  del Instituto Acton Argentina.

 

                                               “Una sociedad de individuos libres y responsables

va a requerir que éstos participen en una economía de mercado

basada en el sistema de pérdidas y ganancias”.

Peter J. Boettke

          Boettke: Muy raramente alguien se nos acerca y nos dice: “¡Economía! ¡Acabo de enamorarme de la economía!”, excepto por las personas que están cerca de uno, y que suelen ser profesores de economía. Sin embargo, me gusta imaginar que mi tarea como profesor es justamente la de enseñar a mis estudiantes a que aprecien un tipo de saber que ocupa un rol muy importante en sus vidas. Casi todos los días uno recibe, por ejemplo, noticias de índole económica, por lo que se puede decir que la posesión de un conocimiento económico básico es algo verdaderamente necesario. Sin embargo, quienes estudiamos economía no logramos transmitir este mensaje con convicción. Hay una gran oportunidad que está siendo desperdiciada. En efecto, se puede decir que el profesor que dicta “Principios de economía” debería ser uno de los intelectuales de mayor importancia en el debate público que está ocurriendo actualmente en Estados Unidos.

Kokai: ¿Crees que la gente actualmente está más predispuesta a aprender sobre economía que lo que lo estaba antes de la crisis financiera?

B: Creo que sí y que hay una serie de factores que han hecho que esto suceda. Uno de ellos es que la economía ocupa un lugar destacado en los telediarios, lo que hace que la gente quiera aprender y saber sobre lo que está sucediendo. La ciudadanía escucha muchas cosas acerca de las políticas de estímulo o acerca de por qué no se recupera todavía el mercado laboral. Todas estas ideas están en el debate público por lo que resulta natural que la gente tenga más interés por aprender acerca de ellas. Pero hay otro debate que se está llevando a cabo, y en esto uno debe darle crédito al congresista Ron Paul –que en gran medida es uno de sus impulsores–; me refiero al debate en torno a determinar cuál es el papel de la FED en la coyuntura actual; esto es otra cosa que la gente está investigando hoy en día. Además, Internet ha permitido que los ciudadanos puedan rastrear la información pertinente y se ilustren sobre los problemas actuales de una manera que nunca antes se pudo hacer. En verdad, toda la situación actual es extraordinaria.

Algo que ofrece un gran nivel de pensamiento económico y que puede tener alcance masivo son los podcasts de Russ Roberts[2]. Se puede acceder a estos podcasts desde cualquier lugar del planeta y uno puede aprender sobre ideas económicas y sobre lo que piensan diversos economistas que defienden el libre mercado –e incluso se puede conocer qué piensan aquellos que se oponen al mercado–. Otro recurso de gran utilidad es Youtube[3]. Por ejemplo, las clases de Gary Becker sobre el capital humano son accesibles online y uno puede acceder al material completo[4]. En síntesis, creo que es increíble lo que está ocurriendo en el ámbito de la educación actualmente. Sin embargo, frente al gran abanico de posibilidades que se abre, apenas estamos todavía estamos tocando la superficie respecto de cómo los social media e Internet pueden ser útiles para divulgar las ideas económicas.

K: La mayor parte de la gente que lee o escucha estos contenidos no va a volver a la universidad e intentar obtener un grado en economía. ¿Cuáles deberían ser los conocimientos de economía básicos que deberían saber para desenvolverse mejor en sus vidas?

B: El punto principal en el que se deben concentrar es en el tema de los incentivos. Además, creo que actualmente existe un gran consenso en que los hombres desean vivir en una sociedad de ciudadanos libres y responsables. Luego, aunque esto requiera un poco más de tiempo, deben entender que una sociedad de individuos libres y responsables va a requerir que éstos participen en una economía de mercado basada en el sistema de pérdidas y ganancias.

El verdadero rompecabezas de nuestro tiempo es que cuando se generan espacios en los que las personas son libres, pero sin un adecuado sentido de responsabilidad, y, cuando estas personas pueden participar en una economía de mercado sin el temor que supone la idea de que puedan sufrir pérdidas –es decir, cuando pueden privatizar las ganancias y beneficios pero socializar las pérdidas– algo malo va a suceder. En efecto, ¿por qué nos vamos sorprender de que la gente se obnubile y se descontrole?, o dicho de otro modo ¿por qué nos vamos a sorprender de que todo el sistema colapse? En verdad, si la gente tiene libertad pero no tiene responsabilidad, actuarán irresponsablemente. Si la gente puede participar en una economía de mercado privatizando los beneficios y socializando las pérdidas, tarde o temprano, se involucrarán en comportamientos imprudentes y muy arriesgados.

Esto es precisamente lo que ocurrió en los acontecimientos anteriores a la crisis de 2008. Los principios y reglas básicas sobre toma de decisiones y comportamientos prudentes fueron arrojados por la ventana. Además, las reglas de juego bancarias básicas vinculadas a la necesidad de sólo comprometerse en estrategias de préstamos prudentes también fueron arrojadas por la borda. Como resultado final se generó un escenario global en el que las personas se involucraron en tipos de conductas que condujeron a errores sistémicos y que terminaron por comprometer a todo el sistema.

En el intento de transmitir y divulgar todas estas ideas, he terminado en algo bastante sutil y complejo pero que empezó con un punto de partida muy básico: en el hecho de que los incentivos importan, y para que esos incentivos funcionen correctamente, se debe tener libertad y responsabilidad; y también se debe tener una economía de mercado con un sólido sistema de pérdidas y ganancias.

K: Lo que dices tiene mucho sentido pero ¿por qué los actores políticos en Washington no parecen estar muy convencidos de todo esto?

B: Por el problema de los incentivos. Los incentivos de la política en democracia suelen ser claros: por definición un político aspira a ser elegido en los procesos electorales. Los políticos, para ser elegidos necesitan votos pero también necesitan contribuciones económicas para financiar sus campañas electorales. Los votantes también se enfrentan con el problema de los incentivos, por ejemplo, ¿cuál es el incentivo concreto de los electores para votar de un modo verdaderamente informado? Por lo tanto, lo que suele suceder es que se produce un sesgo generalizado en el proceso de interacción en la vida política por el que las ventajas que se ponen en juego en el proceso electoral se concentran en los lobbies y grupos de interés, que están bien organizados e informados. Por su parte, los costos se dispersan sobre el conjunto desorganizado y mal informado de la población y que constituye la masa crítica de votantes. En síntesis, se asiste a un proceso en el que un pequeño grupo concentra los beneficios en el corto plazo y que dispersa los costos en el largo plazo.

Por el contrario, una reflexión económica sólida y coherente permite entender cómo la economía de mercado logra invertir completamente esta ecuación. En una economía de mercado genuina lo que en verdad sucede es que los costos se concentran en el agente que toma las decisiones. Ello, además, permite que los beneficios se dispersen ampliamente a lo largo de todos los agentes económicos. Este es el modo como la economía de mercado ha alentado un proceso de prosperidad cada vez más generalizada. Además, se produce una concentración de los costos en las decisiones que se toman en el corto plazo y una dispersión de los beneficios en el largo plazo.

Por ejemplo, pensemos en cómo ha evolucionado el mercado de los teléfonos móviles. Los que tenemos mayor edad podemos recordar las dimensiones de los primeros modelos, que eran casi del tamaño de una cabeza. Actualmente su tamaño es muchísimo más pequeño. Además, en la medida en que su uso se extendió se produjo una paulatina disminución en los precios de venta. Al principio eran unos aparatos carísimos, casi prohibitivos, posteriormente pasaron a ser menos caros, siendo utilizados cada vez por más personas. Así es como funcionan los mercados. A eso me refiero cuando digo que una economía de mercado permite concentrar los costos en el corto plazo y dispersar los beneficios en el largo plazo.

En el juego de la política sucede exactamente lo contrario: concentra los beneficios en el corto plazo y dispersa los costos en el largo plazo. Se puede afirmar que una “buena” política entra en conflicto con una buena economía, y como sabemos, en Washington la política (y no la economía) es la moneda corriente. Lo que sucede entonces es que los políticos aplican las medidas económicas que permiten concentrar los beneficios y dispersar los costos. Las medidas que no son populares, aquellas que exigen de los políticos decisiones arduas, austeras y que impliquen un refreno de sus tendencias demagógicas, no suelen ser promovidas. Esta sería mi explicación frente a la situación actual.

K: De acuerdo a tu exposición se trata entonces de un problema endémico al sistema y no fruto de algunos malos políticos que lograron acceder a posiciones estratégicas, pero entonces ¿cómo se pueden cambiar las cosas?

B: Bueno, creo que lo que esto está poniendo en evidencia es que se deben cambiar las reglas de juego en la política. James Buchanan, mi mentor, tiene un escrito en el que explica que no son los mejores jugadores sino las mejores reglas las que hacen mejor un juego. Si queremos que haya un mejor juego en la política debemos ser capaces de crear reglas de juego que logren neutralizar la autoridad discrecional de los actores políticos. Cuando logremos hacer esto seremos capaces de tener un mejor escenario de juego en la vida política.

K: ¿Tienes alguna esperanza o confianza de que en algún momento lleguemos a una situación en la que esta visión que expones sea compartida por un número suficiente de ciudadanos, como para que la convicción de que hace falta algún tipo de cambio sea mayoritaria?

B: Creo que actualmente, debido a la crisis financiera, estamos en un momento especial y apasionante. Estamos ante una gran oportunidad porque creo que la crisis fiscal nos va a forzar –y con ello me refiero no sólo a la deuda del gobierno federal, sino también a la que se padece a nivel estatal y local– a que un día se produzca un proceso de sinceramiento en el que debamos reflexionar y plantearnos frontalmente qué tamaño y escala de gobierno queremos. Y creo que va a ser precisamente en ese contexto, cuando se discuta qué tamaño y alcance de gobierno queremos, en el que se pueda generar un espacio público para discutir acerca de las reglas de juego que necesitamos en la política. Debemos ser capaces de pensar unas reglas de juego políticas verdaderamente justas y equitativas en lugar de las que tenemos, y que hacen posible que unos pocos obtengan sus beneficios a expensas de otros.


[1] Senior Researcher, Instituto Acton Argentina.

[2] Boettke se refiere a la serie de extensas entrevistas semanales que realiza Russell Roberts a distintos economistas y que son accesibles en: http://www.econtalk.org/.

[3] Mucha información sobre los diversos economistas vinculados al Mercatus Center y a la George Mason University se puede encontrar en el portal del FEE – Foundation for Economic Education: http://www.youtube.com/user/feeseminars.

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