Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com

Resumen de la primera parte de La Sociedad Abierta y sus Enemigos.

La Sociedad Abierta y sus Enemigos (1947), de Karl Popper, es una obra muy extensa, en la que Popper intenta descubrir la genealogía intelectual del colectivismo totalitario en todas sus vertientes, de todas aquellas doctrinas políticas que buscan que la sociedad se adapte a algún modelo quimérico, mediante la imposición de patrones generales de comportamiento a los individuos.

Popper pretende desmitificar nada menos que a uno de los grandes héroes de la filosofía occidental, Platón, y ubicarlo como el primer gran ideológico del totalitarismo. El libro se divide en dos volúmenes, el primero de ellos dedicado al filósofo griego, llamado “El Hechizo de Platón”, y el segundo dedicado a Hegel y a Marx, bajo el título de “La Pleamar de la Profesía”.

Grecia, apunta Popper, fue el escenario de transición del “tribalismo” al “humanismo”. Es precisamente en este periodo de transición cuando aparece Platón, en medio de largas guerras, dictaduras, etc. De hecho, Platón dedica su obra a describir el devenir histórico de Grecia, y a formular la receta política para su salvación.

Platón mezcla así las dos tendencias que Popper más rechaza en las ciencias sociales, el historicismo y la ingeniería social. La primera tendencia hace que el intelectual vea en la historia supuestos patrones que luego trasforma en leyes generales que les permiten prever el futuro de la sociedad, la segunda lo lleva a intentar adecuar la sociedad a un modelo ideal preferido, sometiendo la voluntad del individuo, como si de una sustancia inanimada se tratase. Ambos vicios intelectuales, unidos o separados, han servido para justificar las peores atrocidades humanas.

¿Cómo describe Platón el devenir histórico de Atenas? Como una línea decadente, como un sistema político que se ha alejado de su origen, del Estado ideal. ¿Cuál es ese Estado ideal? El de la tribu, el de la absoluta unidad del colectivo en un Estado totalitario, dividido férreamente entres tres clases sociales, donde los más sabios reinan, controlan la educación, dictan dogmas religiosos y procuran la puridad de su raza. Gobernantes, militares, y pueblo llano: esas son las tres categorías en las que todo Estado se debe mantener, y cada una de estas categorías debe mantener inamovible. La unidad de la clase dirigente es la gran obsesión de Platón. Por ello, prescribe el más absoluto comunismo para aquellos encargados de mandar: la propiedad privada queda prescrita para los gobernantes, porque esto a su juicio genera con el tiempo discrepancias. También resulta para él necesario abolir la familia, porque esta genera división y disputas con el tiempo. Su modelo ideal era Esparta, precisamente por su carácter tribal, unitario, rígido.

Para Platón, lo individual es una degeneración de lo colectivo. De hecho, una parte fundamental del escrito de Popper es la concepción platónica de la justicia. Es justo aquello que sea beneficioso para la unidad del Estado, e injusto todo lo que fomente el pluralismo. Aquí la justicia no tiene nada que ver con las relaciones entre personas, y sus derechos mutuos, sino únicamente con la relación entre los individuos y el Estado. Todo aquello que fomenta el cambio de la naturaleza tribal del Estado es injusto. Por ello, la mayor de todas las injusticias que una persona puede cometer es intentar alguna función que no le corresponde de acuerdo a su rol social.

Para llegar a estas conclusiones, Platón usa muletillas semánticas que hoy son bien conocidas. Equipara el concepto de colectivismo al de altruismo, y por tanto lo contrapone al de egoísmo. Y esto es la fuente de muchas confusiones posteriores. El individualismo será considerado egoísmo. Esa es la razón por la que alguna veces fue descrito como “un cristiano antes de Cristo”, o como el primer gran revolucionario. Quienes así lo creyeron confundieron sus ínfulas colectivistas con la compasión altruista. Dice Platón en uno de sus diálogos: “Tú eres creado por el bien del todo, y no el todo para tu bien”. Su máxima no parece ser “ama a los demás como a ti mismo”, sino “ama a la tribu más que a ti mismo”. No hay nada de cristiano en ello.

En palabras de Popper:

“La equiparación que hace Platón del individualismo con el egoísmo le proporciona un arma poderosa para defender el colectivismo y, al mismo tiempo, para atacar el individualismo. En la defensa del colectivismo puede recurrir, así, a nuestros humanitarios sentimientos de generosidad; en el ataque puede tachar a todos los individualistas del egoístas e incapaces de amar todo aquello que no les pertenezca directamente. Ese ataque, si bien dirigido contra el individualismo…, es decir, contra los derechos del individuo humano, sólo alcanza, por supuesto, un blanco muy diferente, esto es el egoísmo. Sin embargo, Platón y con él la mayoría de los platónicos, pasan por alto sistemáticamente esta diferencia”.

Pero Platón precisamente quería evitar la emancipación del individuo que supone el abandono del tribalismo. Para ello juega con las palabras, con efectos propagandísticos. Y hay quienes encuentran con aprobación en Platón una profunda vocación moralista. Y Popper no lo niega, porque “el totalitarismo no es simplemente amoral. Es la moralidad del grupo, o de la tribu; no es egoísmo individual sino colectivo”. En lo que se que equivocan quienes ven algo bueno en la doctrina platónica es en atribuirle cualquier indicio de humanismo.

Una fuente de confusión nace de la mala traducción de su obra, llamada en la traducción al inglés La República. Una traducción más fiel, dice Popper, hubiera sido La Ciudad Estado o El Estado.

La educación lógicamente es, en el Estado platónico, adoctrinamiento para diluir cualquier amago de individualismo crítico, como se apunta en Las Leyes, “por medio del largo hábito…para convertirse en totalmente incapaces de cualquier independencia”. La clase dirigente tenía que ejercer por tanto un férreo control del sistema educativo. A diferencia de Sócrates, Platón no concebía al filósofo como aquel que busca la verdad, sino como aquel que la posee de hecho.

La propaganda y la mentira son “justas” si van por el bien del colectivo, como bien apunta en La República: “es de la competencia de los gobernantes…el decir mentiras engañando tanto a sus enemigos como a sus propios ciudadanos por el beneficio del Estado; y nadie más puede usar este privilegio”.

La conclusión que saca Popper es simplemente inmejorable, así que mejor me limito a trascribirla:

“La lección, pues, que debemos aprender de Platón es el opuesto exacto de lo que éste trató de enseñarnos. Y es una lección que no debe olvidarse. Pese a todo acierto de diagnóstico sociológico de Platón, su propio desarrollo demuestra que la terapéutica recomendada es peor aún que el mal que se trata de combatir. El remedio no reside en la detención de las trasformaciones políticas, pues esa no puede procurarnos la felicidad. Jamás podremos regresar a la presunta inocencia y belleza de la sociedad cerrada; nuestro sueño celestial no puede realizarse en la tierra. Una vez que comenzamos a confiar en nuestra razón y a utilizar las facultades de la crítica, una vez que experimentamos el llamado de la responsabilidad personal y, con ella, la responsabilidad de contribuir a aumentar nuestros conocimientos, no podemos admitir la regresión a un estado basado en el sometimiento implícito a la magia tribal. Para aquellos que se han nutrido del árbol de la sabiduría, se ha perdido el paraíso. Cuánto más tratemos de regresar a la heroica edad de la Policía Secreta, y al gangsterimo idealizado. Si comenzamos por la supresión de la razón y la verdad, debemos concluir con la más violenta y brutal destrucción de todo lo que es humano. No existe el retorno a un estado armonioso de la naturaleza. Si damos vuelta, tendremos que recorrer todo el camino de nuevo y retornar a las bestias

“Es este un problema que debemos encarar francamente, por duro que ello nos resulte. Si soñamos con retornar a nuestra infancia, si nos tienta el deseo e confiar en los demás y dejarnos ser felices, si eludimos el deber de llevar nuestra cruz, la cruz del humanitarismo, de la razón, de la responsabilidad, si nos sentimos desalentados y agobiados por el peso de nuestra carga, entonces deberemos tratar de fortalecernos con la clara comprensión de la simple decisión que tenemos ante nosotros. Siempre nos quedará la posibilidad de regresar a las bestias. Pero si queremos seguir siendo humanos, entonces solo habrá un camino, el de la sociedad abierta. Debemos proseguir hacia lo desconocido, lo incierto y lo inestable sirviéndonos de la razón que podamos disponer, para procurarnos la seguridad y libertad a que aspiramos”

2 thoughts on “Popper: Platón era un facha

  1. Pingback: TⒶRTUFOCRACIA

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s