Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com

Cada vez que reviso los ensayos de Thomas Paine, encuentro algo nuevo e interesante en ese genial panfletista. Esta vez es su “ataque a las leyes de papel moneda” (Attack on Paper Money, noviembre 3, 1786).

Me parece que el ideólogo de la revolución americana no estaría muy de acuerdo con esa obsesión de algunos economistas contemporáneos por imprimir más y más dinero para salir de la crisis (quantitative easing, como lo llaman ahora los entendidos).

¿Qué piensa Paine del papel moneda, término que usa como sinónimo de dinero fiduciario? Simple:

Ellos dicen que el papel moneda ha mejorado el país…y que el papel moneda ha logrado muchas otras cosas buenas…Ni una sóla sílaba de esto es cierto; es un error de comienzo a fin…Nos hemos equivocado tanto en este asunto que hasta nos hemos equivocado en el nombre. El nombre no es papel moneda, sino títulos de crédito: pero parece como tuviesemos verguenza de usar ese nombre, sabiendo cuánto hemos abusado de tal cosa. Todas las emisiones de papel para propósitos del Gobierno no hacen dinero, sino que hacen uso del crédito para endeudarnos. Es anticipar o adelantar los ingresos de años futuros, arrojando la carga del pago de tales deudas sobre futuras legislaturas. Es como un hombre que hipoteca su propiedad y deja la cancelación de la deuda a sus sucesores. Pero esto no es lo peor de todo, nos deja a nosostros finalmente en la inestabilidad, desapareciendo la moneda dura, disminuyendo el valor de los ingresos, y dejando en su lugar papel, que puede valer una cosa hoy y otra mañana.

Paine había sido testigo de el uso y abuso de dinero fiduciario durante la guerra de independencia americana, lo cuál generó escaladas inflacionistas y niveles de deuda tremendamente desestabilizantes para la economía.

Paine además denuncia que el poder de crear papel moneda no se encuentra entre las competencias legítimas de un Estado, de acuerdo a los “fundamental principles of civil government“:

En lo que se refiere a hacer de tales títulos lo que se llama moneda de curso legal…una asamblea que asuma tal poder , asume un poder desconocido para un gobierno civil, y comete traición contra sus principios.

Los principios fundamentales del gobierno civil son la integridad de nuestros derechos y personas como hombres libres, y la integridad de la propiedad. Una ley de moneda, por tanto, no puede ser compatible con tales principios, porque en su virtud se priva al hombre de su libertad natural y civil, y se atenta contra la integridad de la propiedad.

Si un hombre tuviese cien dólares de plata en su posesión, como su propiedad, sería extraña la ley que lo obligue a entregarlos a cualquiera que descubriese que él posee tal suma, y a tomar cien dólares de papel a cambio. Ahora bien, el caso es exactamente el mismo que si hubiese prestado ‘dólares duros’ a su amigo, y se lo obligue a aceptar en pago a tal deuda cien papeles. La transacción sería contra su voluntad, y en su perjuicio, y los principios de gobierno se orientan a proteger y no a violar sus derechos y propiedad. El Estado, por tanto, que realiza tal operación, no es un Estado de gobierno civil, y las personas no pueden ser obligadas a obedecer una ley que ampara y promociona la traición de los principios en los que el gobierno civil se basa.

Y esta es la parte que más me gusta, porque es casi como escuchar hablar a los austriacos, con respecto a la definición de dinero de curso legal. Deja patente que entonces se concebía como una completa rareza lo que hoy aceptamos como algo supuesto: que sea el Gobierno de cada país quien imponga los medios de pagos permitidos como válidos en las transacciones comerciales. Entonces, y hasta comienzos del siglo XX, eso quedaba a la voluntad de las partes en cada transacción comercial:

La única clase de moneda de curso legal que puede existir en un país bajo un gobierno civil es aquella cosa particular estipulada en cada compromiso y contrato. Esa cosa particular constituye la moneda de curso legal. Si una persona se ha comprometido a entregar trigo, no deberá entregar centeno, de la misma manera que alguien que se compremete a pagar en moned dura está en libertad de pagar con papel… Estos contratos o acuerdos han expresado lo que constituye moneda de curso legal para ambas partes”

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