Por Aparicio Caicedo C.

El famoso #casoSatya ha mantenido bastante ocupada a la tuitósfera últimamente. Y me ha tocado bailar con la más fea de la fiesta. Porque existe un consenso entre progres, casi progres, liberales y libertarios (manada a la que pertenezco) en que se trata de una terrible discriminación por la orientación sexual de las madres, una sociedad injusta y curuchupa que todavía señala con el dedo la homosexualidad, atavismos de raíz católica, bla, bla, bla. Y yo digo que no, y por ello me han llovido calificativos como “prejuicioso”, “discriminador”, “ignorante”, “conservador”, etc.

Bueno, el problema es que no puedo sacrificar mi compromiso con la lógica para quedar bien con la galería. Y la lógica me dice que este tema no es, ni por asomo, una cuestión de discriminación por orientación sexual. La orientación sexual de la pareja no juega ningún papel en el hecho de que se les niegue la inscripción de maternidad simultánea. Al registro civil le da igual, a efectos de inscribir a la nena, la orientación de los padres. Lo único que no puede hacer es alterar sin más los conceptos previstos en la ley y registrar más de una mamá por niño. Porque nuestra ley, arcaica o no, se asienta en el hecho que hoy parece controvertido de que los hijos tienen una sola mamá, de que no los paren dos ni tres al mismo tiempo. Uno puede estar o no de acuerdo con este concepto, a uno le puede parecer caduco, pero en todo caso no tiene nada que ver con la orientación sexual de los padres.

De hecho, podemos poner el ejemplo de un gay y una lesbiana que tienen relaciones sexuales, conciben, y van a inscribir a su hijo. El registro civil inscribiría sin ningún problema a ese chico. El padre y la madre le pueden decir: señor registrador, pero ambos somos abiertamente homosexuales, queremos advertir. Y el registrador les dirá: ese es su problema, a mí no me importa lo que les guste a ustedes, yo lo que registro es a un hombre que encaja en el concepto de padre (figura masculina y unipersonal en nuestra ley) y a una mujer que encaja en concepto de madre (figura femenina y unipersonal). Recapitulamos: la orientación sexual de los padres es indiferente para el Registro Civil, porque registraría a padres homosexuales, con tal de que sean una mujer y un hombre.

Por otro lado, imaginemos el matrimonio de mujeres heterosexuales que quieren registrar al bebe de una de ellas como hijo de dos mamás. Es decir, dos mujeres que por la razón que sea (amistad, conveniencia, etc, como sucede en matrimonios heterosexuales) se casan, aunque no se amen ni se atraigan sexualmente, porque la ley lo permite y deciden que ellas deben ser consideradas madres simultáneas, porque dentro de sus conceptos familiares ellas consideran que merecen tal calificativo y el reconocimiento del Estado. En ese caso, el registrador les diría: sí, las dos son heterosexuales, pero es que no puedo registrar dos madres porque la ley no me lo permite, me dice que hay una madre por niño, no dos ni tres. ¿Habría discriminación a los heterosexuales en este caso? No.

Mírenlo como quieran, pero en ese caso preciso no hay discriminación por orientación sexual. Porque el elemento determinante en la decisión del funcionario no es la orientación sexual de la pareja. Eso es irrelevante para él o ella. Lo determinante es que nuestra ley solo da la posibilidad de registrar una sola madre, sea esta lesbiana, punkera, pelucona, heterosexual, asexual, o lo que sea. El funcionario no está otorgando trato diferenciado por las preferencias sexuales de los padres, porque si fuera el caso de dos señoras heterosexuales que quieren hacer lo mismo tampoco podrían.

Conclusión: los conceptos y categorías familiares que contempla la ley ecuatoriana pueden ser todo lo caduco que quieran, y cabría un debate más maduro, lógico y menos rabioso al respecto, en vez de tergiversar los argumentos para despertar emociones justicieras. Pero el caso Satya no es un caso de discriminación por orientación sexual, miren por donde lo miren, porque la orientación de las señoras no tiene ninguna relevancia en la decisión del Registro.

8 thoughts on “#CasoSatya: no hay discriminación por orientación sexual

  1. Sí hay discriminación por orientación sexual. ¿Donde? Pues en la misma Constitución, en su artículo 68, donde dice que “la adopción corresponderá sólo a parejas de distinto sexo.” Si se admite que la formación de parejas, y pese a esos ejemplos rebuscados con que nos mareas alegremente la perdiz, suele reflejar la orientación sexual de los miembros de la pareja, entonces aquí se está discriminando contra la “pareja de sexo igual”, o sea, compuesta presuntamente por personas de orientación homosexual, al negarle el derecho de adopción. ¿Estamos? Entonces la siguiente pregunta es: ¿qué relevancia tiene esto en en caso Satya? Pues bastante. Si no fuera por esta estipulación, la pareja podría gozar conjuntamente de la patria potestad de la niña mediante la vía de la adopción, si bien, según alguno de los doctos abogados que se han pronunciado sobre la cuestión, para los correspondientes efectos legales la madre biológica tendría, técnicamente, que renunciar a su condición de tal para convertirse en madre adoptiva (en la práctica, no concibo que nadie se lo exigiría). El artículo 68 de la Constitución no permite esta vía, la cual sin embargo queda abierta para parejas “de distinto sexo”, aunque en la práctica, en una pareja de este tipo, ceteris paribus, no sería necesario siquiera llegar a tales extremos, pues al padre (masculino) simplemente se le “presumiría” un nexo biológico al solicitar la inscripción como progenitor.

    1. No es por marearte la perdiz, pero me hablas de otro caso: el de la adopción. Yo no me refiero a ese caso, para nada, sino al caso específico de Satya, que se refiere a la decisión concreta del Registro Civil. Y, por rebuscado que te parezca, no hay discriminación sexual porque el funcionario no ha tomado la decisión considerando la orientación sexual de la mujer que quería ser madre simultánea con la madre biológica. Otra cosa es que no esté de acuerdo con la categoría conceptual de madre, tal como la tiene la ley. Pero lo mismo pueden decir dos mujeres heterosexuales que crían a la hija biológica de una ellas como una hija de las dos, O tres amigos/hermanos que hacen lo mismo con un niño y se sienten padres por igual. O puede pasar con una familia polígama donde todas las esposas/esposos se sienten madres/padres de el niño en cuestión. Ellos también podrían decir que son discriminados por su situación concreta. Y no. A mí todas estas formas familiares me parecen legítimas (cada cual que escoja la forma en que vive) y no me escandalizan en lo más mínimo, ni me parecen inmorales (créeme, no soy moralista, para nada). Pero no toda categorización de la ley que nos parezca insuficiente en un momento determinado implica una discriminación a un grupo concreto. Quizá no hace falta resignificar los términos “padre” y “madre” (cuya raíz semántica tiene una claro componente biológico), sino crear categorías que se adapten a las nuevas circunstancias. Por mí, que cierren el registro civil mañana, no sirve para nada, es una instancia burocrática, y que cada uno se llame como quiera llamarse y vivir la vida en familia en sus propios términos (como sucede ya sin importar lo que diga el registro). Pero no por ello vamos a confundir los argumentos y llamar “discriminación por orientación sexual” a algo que no lo es.
      Buscar estos ejemplos, por complicados que te parezcan, sirven para graficar la incoherencia lógica del planteamiento de algunas partes, nada más.

      1. Bueno, en algo estamos de acuerdo: en que el Registro Civil no sirve para nada bueno. Pero sí podría servir para algo malo: para, llegado el caso, separar a la segunda madre de Satya de su hija en caso de fallecimiento de la primera madre, alegando que no existe lazo de filiación que justifique la potestad. Por lo tanto, la lucha aquí, según entiendo, es para proteger a los miembros de una familia contra posibles interferencias estatales futuras; por tanto, tal vez fuera mejor enfocar la naturaleza de esa interferencia estatal en la familia de un modo más global. Pero insisto: “si Helen fuera Robert, acá no habría problema” en palabras de S. Buendía. Está clarísimo que se trata de un caso de discriminación, y argumentar que una cosa es el sexo de los respectivos miembros de la pareja y otra la orientación sexual me parece algo infantil. Claro que hay excepciones, pero en general, y en libertad, la gente busca pareja de acuerdo con su orientación. y el hecho de que Helen sea, a efectos de inscribirse, “del sexo equivocado”, evidentemente viene como consecuencia de su orientación. Tu argumento equivale al tradicional: “no fui yo quien la maté, sino la bala que salió de mi pistola.”

      2. Concuerdo con todo lo que expones, a excepción de lo último, sobre la inutilidad del Registro Civil. Tomando el punto que expuso endivior de qué sí podría servir para algo malo (separar a la niña de su madre no biológica porque no hay lazo legal), bajo ese mismo ejemplo, entonces, podría servir para algo bueno: para no separar a la niña. A lo que voy es que este tipo de seguridad que pretende el Registro Civil es del todo bueno, sólo que ocurre que no se lo está utilizando de una manera que nosotros consideraríamos correcta. Tal como una pistola, además de poder ser usada para robar, podría ser usada para evitar el robo.

  2. Me parece que el objetivo de este artículo es alcanzado: explicar donde y cómo ocurren los hechos, por qué y a quienes.

    Si creo conveniente recalcar y tal vez, con su permiso, redundar: la discriminación no existe en los jueces o procuraduría, la ley es así.

    Al comienzo me gustó mucho el artículo de S. Buendía pero al quitar sentimientos y ser + pragmático en mi proceder creo que me quedo con la explicación jurídico-técnica. Yo creo en un mundo lleno de amor entre seres humanos. Soy católico, soy padre y amo a mi esposa, es por eso que entiendo a Helen y su pareja. Pero es descabellado sólo buscar llorar y rasgarse las vestiduras creyendo que eso cambiará algo, es todo lo contrario sólo muestra que quienes representan los derechos de los homosexuales y lesbianas como radicales irracionables y yo sé que la gran mayoría NO LO SON, son personas con un alto rendimiento. ¿Es esta irracionalidad lo que merecen todos aquellos a los que representan? creo que merecen más.

    Ahora más que nunca es el momento de analizar el escenario, crear las vías más adecuadas para que jrídica y técnicamente se pueda llegar a darles ese derecho, no sólo a Satya, sino a todas las familias amparadas en nuestra República: de distinto y mismo sexo.

    Alguien comentó sobre es escenario de “la bala fue la que te mató” no sçolo no es aplicable sino que rebasa la imaginación e insulta a todos los que están esperando que este caso no solo reinvindique los derechos de los homosexuales y lesbianas.

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