El discurso anticapitalista del franquismo

Por Aparicio Caicedo 

Mientras más lo investigas, más se parecen. Me refiero a los dos mayores enemigos doctrinales del liberalismo: el fascismo y el socialismo. Y, desde luego, ambas corrientes se declararon y declaran enemigas del capitalismo. ¿Por qué? Básicamente porque las dos corrientes son manifestaciones elaboradas de nuestros instintos tribales más básicos, de esa parte de nosotros que se rebela contra la incertidumbre del cambio hacia una sociedad más abierta, hacia una sociedad más capitalista, hacia una sociedad de individuos libres y responsables.

Si no me creen, vean este discurso del Secretario General de la Falange, movimiento fundamental en el régimen del dictador Franco, pronunciado en 1945. Contiene todos los clichés demagógicos que se pueden escuchar en un discurso de Chávez, Correa o Evo: que el capitalismo pone al capital sobre el ser humano, que no se puede tratar el trabajo como una mercancía, que el capitalismo es malo malísimo, blablabla.

Bien lo señaló Popper, en La Sociedad Abierta y sus Enemigos:

“El totalitarismo moderno es sólo un episodio dentro de la eterna rebelión contra la libertad y la razón. Se distingue de los episodios más antiguos, no tanto por su ideología como por el hecho de que sus jefes lograron realizar uno de los sueños más osados de sus predecesores, a saber, convertir la rebelión contra la verdad en un movimiento popular…”.

Decía con razón Hayek que “la idea de colocar de nuevo a la humanidad bajo el imperio de sus primitivos instintos es una proposición históricamente tan recurrente como la lluvia en la naturaleza”.

El Orden Espontáneo según Hayek (for dummies) I

El Orden Espontáneo según Hayek (for dummies) I

Por Aparicio Caicedo C. 

¿Por qué es importante Hayek?

Friedrich Hayek fue el primer economista liberal en aventurarse profundamente fuera de la ciencia económica, a los terrenos de la ciencia política y jurídica. Y su principal aporte consiste, en consecuencia, en haber encontrado los puntos de convergencia entre dichas disciplinas.

Hayek resucitó un concepto indispensable para comprender la forma en la que funciona la sociedad: el orden espontáneo. Resucitó así una tradición de estudio que comenzó con la ilustración escocesa y que fue cultivada por algunos pensadores liberales decimonónicos, pero que luego resultó marginada por las corrientes colectivistas durante la mayor parte del siglo XX.

Me atrevería a decir que el elemento que define hoy a los “liberales”, desde una perspectiva intelectual, es la defensa tácita o expresa de la existencia de un “orden espontáneo” frente a los distintos tipos de dirigismos centralistas. Y es necesario leer a Hayek para comprender en hondura eso que defendemos.

¿Qué es el orden espontáneo?

Su sola mención levanta miradas condescendientes. A unos le suena a puro misticismo, otros dicen que es una noción de raíz religiosa, o iusnaturalista. En el mejor de los casos recibirás un comentario burlón sobre la famosa metáfora de Adam Smith de la “mano invisible”. La culpa es de esto no es de quien toma dicha actitud, sino de una tradición intelectual dominante que se ha movido en conceptos muy estrechos, incoherentes con la realidad, según los cuales toda institución humana ha sido creada en algún momento por alguien y toda sociedad necesita de una dirección centralizada para progresar. Lo contrario, se dice, es hablar de “anarquía del capital” o alguna chorrada por el estilo.

Por “orden espontáneo” Hayek se refiere a aquellos procesos sociales en el que interactúan una cantidad indeterminada de individuos, cada uno siguiendo fines particulares, sin sujeción a la dirección de nadie en particular, aunque sí sujetos a ciertas normas de carácter abstracto y universal que permiten una coordinación mutua, basada en una división del trabajo mucho más benéfica para el conjunto que la que resultaría de otros esquemas de planificación centralizada.

Pilas con este vídeo, que lo explica muy bien:

Solo miren a su alrededor, y encontrarán un ejemplo

Para comprender esto, les sugiero un ejercicio. Ahora mismo estarán viendo este texto en un computador personal, o quizá en un Ipad. Pregúntense de dónde salió el material del que está hecha la pantalla, si es que saben de qué material está hecha. También pregúntese quién ensambló la máquina, de dónde salió la tinta con la que imprimieron las letras en las teclas, o quién fabricó los metales de los que están hechos los circuitos de hardware, qué empresa provee de materiales al fabricante, en qué minas se extrae el mineral del que está compuesta la batería; o cómo es que todo esto me permite a mí escribir, comunicarme, guardar fotos, procesar información, sin que yo tenga la más mínima idea informática, de electrónica, de tintas, de minerales, de comercio internacional, etcétera. Piensen cómo es posible que tantas personas alrededor del mundo, en momentos distintos, con fines personales distintos, hablando lenguas distintas, con distintos gobiernos, sin conocerse entre ellos, hayan preparado todos los elementos por separado y llevado a cabo un proceso complejísimo para que ustedes aquí y ahora estén leyendo este texto sin tener la más remota idea de todo aquello.

Ese artefacto que tienen al frente, señores, es el fruto de un orden de carácter espontáneo que recibe el nombre de “mercado” y que depende para su correcto funcionamiento de ciertas instituciones (derechos de propiedad, respeto a los contratos, moneda, normas mercantiles, lenguaje) y de una diversidad inabarcable de emprendedores especializados que se coordinan a través de distintos mecanismos para satisfacer mutuamente sus necesidades.

De manera gráfica explica este vídeo la cantidad de conocimiento acumulado que hay en un solo Smatphone, y la gigantesca coordinación del esfuerzo de tantas personas distintas que se necesita para crearlo:

No hay ningún burócrata que diga cuánto coltán tienen que producir las minas en Bolivia para que se fabriquen la baterías de determinado número de Ipads en China, ni cómo deben ser diseñados estos aparatos en California, ni si serán comprados por personas en Berlín, Lima y Madrid. El Ipad que tenemos en nuestras manos es producido gracias a la coordinación espontánea (no dirigida centralmente) de un número indeterminado de personas que en la mayoría de los casos ni se conocen entre sí, pero que encuentran coordinación gracias al respeto de normas e instituciones básicas: esto es mío y esto es tuyo (derecho de propiedad), podemos intercambiar por mutuo consentimiento (normas contractuales), lo que yo quiero es determinada cantidad de dinero (pago en moneda), y te pido tal cantidad porque es igual o más de lo que otros están dispuesto a pagar por lo mismo (precios de mercado), etc.

La importancia de las instituciones

Hayek pudo apreciar la enorme complejidad y capacidad organizativa del mercado como economista, específicamente gracias a la influencia de pensadores como Ludwig von Mises, quien demostró en la década de 1920 que el socialismo estaba avocado al fracaso porque carece de los mecanismo de coordinación empresarial del libre mercado (precios, libre oferta y demandada, propiedad privada, etc.). Hayek pudo apreciar que el mercado ha podido llegar a esos niveles de eficacia organizativa gracias al desarrollo de instituciones (conductas pautadas de aceptación general) a lo largo de muchas generaciones, tales como el derecho de propiedad, el derecho contractual, los usos mercantiles, o la moneda. Tomó consciencia de que la mayoría de estas instituciones no fueron inventadas en un momento concreto por una persona o grupo de personas concretas, sino que son el producto no deliberado de un proceso evolutivo que a menudo toma muchísimas generaciones. Y se inspiró en la obra del fundador de la Escuela Austriaca de Economía, Carl Menger, quien demostró el origen evolutivo y no deliberado del sistema monetario imperante hasta entonces (el patrón oro).

Dichas instituciones las tenemos tan interiorizadas que las seguimos sin que seamos conscientes de ellas, ni de su importancia trascendental en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Más aún, estudiando también economía se percató de la inabarcable complejidad de las sociedades modernas, y de la imposibilidad de que las normas que las rigen puedan ser diseñados en un momento histórico determinado, porque ninguna mente humana sería capaz de procesar la información necesaria para tal fin. La mayoría de las intervenciones y subversión de estas instituciones, por parte del Gobierno, se da por lo que él llama “fatal arrogancia”: la falsa idea de poseer el conocimiento y capacidad necesaria para alterar la sociedad de acuerdo a nuestras preferencias pasajeras.

Sin estas instituciones, no podríamos tomar café o estudiar en la cafetería

La mayoría de normas que rigen las actividades más básicas de nuestras vidas son normas abstractas que se han desarrollado generación tras generación, que cumplimos aún sin conocer su trasfondo teórico o histórico. Tomen nuevamente el ejemplo del Ipad. Imaginen que están en una cafetería con Internet gratuito, y que hay muchos estudiantes a su alrededor con distintos dispositivos. No nos damos cuenta, pero todo eso es posible debido al respeto inconsciente de un puñado de normas de alguna complejidad. Ninguno de los que está ahí es un civilista conocedor del código de Andrés Bello, pero están ahí bajo la convicción de que nadie le quitará de sus manos el Ipad y se irá con él. Y saben también que pueden ir a la caja a pedir un café a cambio de dinero, y que a partir de que realice esa transacción el café será suyo y el dinero ya no. Reclamarán sin duda si le dan un café que esté en malas condiciones, porque saben casi instintivamente que tienen derecho a hacerlo, por más de que no hayas cruzado más de media palabra con el empleado de la cafetería. Muchos etcéteras.

Piensen, por un segundo, todos los contratos que celebran al salir de su casa en un día cualquiera, y todo lo que dan por descontado en ellos. Verán.

Todas estas cosas resultan obvias así puestas. Pero si nos ponemos a analizarlas no lo son tanto. Porque los estudiantes del café saben, aunque no lo puedan articular con palabras precisas, que tienen un derecho de propiedad sobre el artefacto que usan o sobre la tasa de café que se toman, que se deriva de haberla adquirido de forma legítima de la tienda que se lo vendió, con la que celebró un contrato de compraventa, y que esta tienda la adquirió a su vez de una fábrica, que celebró contrato con sus proveedores que adquirieron la propiedad de esos insumos por apropiación original al explotar una mina o una plantación, etc. Sabe instintivamente que esa propiedad la ejerce gracias a que el antiguo propietario le cedió voluntariamente sus derechos sobre la cosa a cambio de un monto específico de dinero. Sabe que esto le da derecho a excluir a terceros del uso del Ipad, o a permitírselo a otras personas en determinadas circunstancias. Y lo mismo pasa con el café. Y es gracias a esta y muchas más instituciones interiorizadas en nuestra vida cotidiana que existe un orden en esa cafetería, por esa razón que no empieza una batalla de todos contra todos por los Ipads o el dinero de los demás, ni por el café que sirven en el mostrador. Hay un orden porque todos ahí se someten pacíficamente a pautas de comportamiento que limitan su conducta que tienen una importancia fundamental para ellos, normas abstractas tan importantes que todos se alarmarían y condenarían rápidamente a cualquiera que rompa estas normas (en caso de un robo de los Ipads, por ejemplo). Y, sin embargo, ninguno de ellos podría articular claramente, ni explicar la naturaleza teórica e histórica de aquellas normas que siguen cuidadosamente y cuyo respeto por parte de terceros dan por descontado. Pregunten en un café de estudiantes, si no me creen, sobre fundamento jurídico último de los derechos de propiedad, aunque paradójicamente verán que se respetan a rajatabla esas normas que pocos pueden articular.

Sin derecho de propiedad, por ejemplo, sería imposible el intercambio comercial, y no tendríamos ni Ipads, ni PCs, ni tan siquiera cuadernos donde anotar ideas. Porque si el fabricante chino no está seguro de que la producción le pertenecería, no se metería a producirla, y no hubiera conseguido ni siquiera insumos, porque sus proveedores de minerales determinados tampoco lo abastecerían, ya que para qué van a extraer estos metales si no serían suyos y se los arrebatarían, etc. Sin embargo, en el mundo real, los intereses de todas estas personas se coordinan de tal manera que todos colaboran porque saben que son dueños de los que poseen y que lo pueden vender y así obtener una ganancia. El orden espontáneo del mercado, cuyo funcionamiento damos por hecho todos los días, se vendría abajo el momento que esas normas tan complejas que nadie puede articular en su totalidad desaparezcan. Sería como si los pilares de un edificio se desmoronaran.

Continuará….

Los ‘indignados’ de mi barrio

Los ‘indignados’ de mi barrio

Por Aparicio Caicedo C. 

En  mi barrio hay tres clases de ‘indignados’: la china de la tienda, los jamoneros y el guitarrista francés. Quizá ellos no lo sepan, pero son unos verdaderos rebeldes, y yo los admiro. Todos los días se rebelan contra su destino de forma pacífica. Y con ello transforman su entorno, y el de todos los que vivimos cerca.  Nos hacen la existencia más cómoda, más sencilla, más barata, o simplemente mejor. Sin imponernos nada, sin quitarnos nada, sin tratar de dirigir nuestras vidas.

 La china de la tienda. Esta es mi favorita. Esa mujer nació y creció en China (obvio, porque si hubiese nacido en Perú sería más bien “la peruana de la tienda”). Apenas habla español, y trabaja como una posesa.

Yo suelo olvidarme de todo, y especialmente de las cosas que mi esposa me pide que compre antes de que cierre el super. Pero no pasa nada. Porque la “china de la tienda” está ahí, todos los días, hasta las 11-12pm. Y ella me entiende. Aunque no sepa cómo me llamo, y quizá tampoco le interese. Ella sabe lo que necesito, y me evita así muchos problemas en casa.

Quizá está indignada, pero no resentida. Lo cual es curioso, porque ella sí que sabe lo que es la probreza extrema, a diferencia de los jóvenes “rebeldes” que salen a romper cosas en Madrid o Barcelona.  Quizá a ella también le indignaba su condición, pero en lugar de quemar contenedores de basura decidió agarrar al destino por los huevos. Decidió emigrar a España y poner su tienda cerca de mi casa. Yo agradeceré siempre al Olimpo por esa feliz decisión.

Los jamoneros. Estos flacos son geniales. De verdad. Cuando vi que estaban poniendo una tienda de jamones y
embutidos, pensé: otra tienda más de jamones en España, oh, qué original. Pero me dieron un masazo en la boca, y me demostraron que siempre se puede innovar. Su estrategia de márquetin es brillante, aunque simple. Tienen un mostrador donde todas las mañanas ponen bocadillos de jamón recién cortado, detrás de una mampara de vídrio. Atrás están ellos con las patas exhibidas. Pasas por ahí y el cuerpo simplemente te arrastra para entrar. Es imposible no hacer un comentario, al menos, cuando vez esas lonchas celestiales recién cortadas. Además, está siempre abierto, incluyendo sábados y domingos. El horario lo ponemos los clientes, y no cierran hasta muy tarde. Son muy exitosos, en plena crisis.

Mientras los amigos jamoneros están rompiéndose el lomo, a pocos metros los “indignados” locales se reunen habitualmente para culpar al mercado de todo lo malo que sucede. Pero estos “avariciosos capitalistas” del jamón ni los escuchan. Están demasiado ocupados forjándose su propio destino.

El guitarrista francés. De todos los emprendedores de mi barrio, este es el más curioso. Su manera de encarar la crisis es la más estética, sin duda. Con una guitarra, un micrófono y un amplificador recorre todas las calles del Casco Viejo. No sé cómo se llama, y no entiendo las letras de sus canciones en francés, pero me gusta mucho lo que toca. Y le agrada también a la gente que pasa por ahí. El otro día incluso fui al bar y estaba él. Lo habían contratado para esa noche. Siempre que puedo le dejo algo, no mucho, apenas unas monedas sueltas. Pero él no está ahí exigiendo dinero ajeno porque lo “que él hace es cultura y la sociedad no puede vivir sin cultura”. No, él comparte su talento con todo el que pase, y a cambio solo te brinda la oportunidad de que los “subsidies” de forma voluntaria, en la medida que lo creas conveniente. Y esa es su particular forma de decirle al destino: a mí tú no me ganas.

No sé a ustedes, pero a mí estos tipos me parecen la utopía encarnada. Qué puede haber más heroico que perseguir tus propios fines de manera pacífica. Qué puede ser más admirable que trasformar tu realidad con aquellos medios disponibles–una pata de jamón, un sixpack de cerveza, o la canción que le sacas a una guitarra–, combinando así tu potencial creativo con el de millones de personas, cuyos nombres ignoras pero cuyas vidas haces mejor cada día; así, sin darte apenas cuenta.

Claro. Si la china, los jamoneros o el guitarrista francés deciden ahorrar, expandirse, contratar más gente y acumular el fruto de su esfuerzo, se convertirán con los años en esos orcos capitalistas, y será culpa de ellos que el Estado esté quebrado por la orgía de subsidios y prestaciones exigidos por aquellos que se dicen hijos de la utopía…..C’est la vie, dirá nuestro amigo, el guitarrista.

A título de bonus track, les dejo vídeo de otro emprendedor que hacía lo mismo que estos en el barrio donde viví durante 2010, en Santa Mónica (California). Lo grabé simplemente porque la canción me pareció buena; después me enteré que se llama “Doctor, my eyes”. Escúchenla.

Más Bastiat, y menos Alfaro

Más Bastiat, y menos Alfaro

Por Miguel Castañeda C. 

Las elecciones presidenciales y legislativas francesas llegarán a su punto culminante el 22 de abril de este año con una primera vuelta, y el 6 de mayo con una segunda.  Trece candidatos representando a 13 partidos, nuevos y viejos, se encuentran inscritos.  El actual mandatario francés, Nicolas Sarkozy y su partido UMP (Unión por un Movimiento Popular) , compiten por la reelección.  Su principal opositor, François Hollande del Partido Socialista, aparece como uno de los más opcionados al Eliseo, según ciertos sondeos.  Otros candidatos nombrados en los sondeos por orden de preferencia son: Marine Le Pen (Frente Nacional), François Bayrou (Movimiento Demócrata), Jean-Luc Mélénchon (Frente de Izquierda) y Eva Joly (Europa Ecología).  Quizás por esta razón, muchos medios y prensa dan mayor cobertura a las propuestas y acciones de estos candidatos.

Todos comparten en sus programas temas de actualidad como los déficits públicos, el euro, el desempleo, la “desindustrialización” del país, la regulación del mundo de las finanzas, la energía nuclear, entre otros.  Medidas como la ”reindustrialización” y el proteccionismo económico de Le Pen, las políticas redistributivas y el aumento de funcionarios públicos en la educación de Hollande, el aumento de impuestos y la congelación de los salarios (no despido) de funcionarios del sector público de Bayrou y Sarkozy, el aumento del salario mínimo y la inflexibilización del mercado laboral de Mélénchon, el aumento de la inversión “verde”, el “buen vivir” y la eliminación de la energía nuclear de Joly.

Entre las propuestas vemos algunas similitudes que pasan desapercibidas, entre candidatos tan ideológicamente opuestos, tales como el control e imposiciones a los mercados financieros de Sarkozy y Hollande, o el consumir 100% “francés” de Le Pen y Bayrou.

Sin embargo, este 2012 será histórico gracias a un candidato, y muy particular debo decir, que ha entrado en la contienda.  Uno cuyo programa critica y se opone directamente a todos los candidatos, quienes, según su opinión, poseen una visión estatista y colectivista que busca eliminar la autoridad y libertad del individuo.  Este economista francés que es un desconocido para la mayoría de los franceses, es reconocido mundialmente por sus aportes a la ciencia económica, y la filosofía.  Este candidato liberal sin partido, representa no sólo a los individuos franceses, sino a los individuos del mundo.

Es autor de varios escritos y libros, entre ellos El Estado, o Sofismas económicos, un libro que desenmascara, refuta y destruye todos los errores de razonamiento económico que pululan en las mentes de los tecnócratas y dirigentes del mundo y que sirven de base para sus programas.

Su lema de campaña, “Legalicen la Libertad”. 

Su programa para las presidenciales será publicado este 22 de febrero del 2012, pero desde ya se ha podido conocer ciertos rasgos de este, a través de unacarta publicada en el sitio web de su campaña, y que al parecer atacan directamente a la fuente de los males que aquejan a Francia:

– Son los ciudadanos quienes deben limitar la acción del Estado y no al revés.

– Son los ciudadanos quienes deben controlar a la clase política y no al revés.

– Son las asociaciones libres, no las organizaciones obligatorias, monopolísticas y centralizadas del Estado, las que deben permitir a los hombres de ayudarse entre sí, para dar y trabajar juntos.

– Son los individuos libres quienes deben decidir cómo buscar su felicidad.

– Son los individuos libres quienes deben decidir con quién trabajar e intercambiar.

– Son los individuos libres quienes deben decidir con quién compartir y asociarse.

– Son los individuos libres quienes deben decidir cuándo consumir y cuándo ahorrar.

– Son los individuos libres quienes deben decidir dónde invertir y dónde emprender.

– Son los individuos libres quienes deben decidir dónde curarse y dónde educar a sus hijos.

– Para dar, intercambiar, crear, descansar, trabajar o construir, no necesitamos de una burocracia amorfa, de una clase político-sindical invasora y de falsos sabios culpabilizándonos, imponiéndose todos a través de la fuerza del Estado.

Ellos nos necesitan para vivir, pero nosotros no necesitamos de ellos para vivir.

– No tenemos que andar mendigando el derecho de conservar el fruto de nuestro trabajo, de nuestros intercambios y de nuestro ahorro.

– Nuestro derecho a la libertad y la propiedad son inalienables.

– Hemos cedido demasiado, hemos aceptado demasiado desde hace varias décadas.  No dejaremos que los habladores estatistas saqueen nuestro porvenir y el de nuestros hijos, destruyan nuestras libertades y destruyan nuestra civilización.

– Amigos liberales, vivos o muertos, no nos dejemos vencer.  Es tiempo de hacer sonar la alarma contra el estatismo delirante que está llevando a nuestro país a la tumba.

– Es tiempo de resistir.

– Mi candidatura de ultra-tumba es el primer testigo de este movimiento.

– A partir de ahora no cederemos más, avanzaremos.  No nos someteremos, lucharemos.

– Los años a venir serán aquellos de la reconquista, y esta comienza hoy.

 

Siempre suyo,

 

Frédéric Bastiat – 2012

A estas alturas muchos entendidos en la materia deben preguntarse el motivo de la broma.  Frédéric Bastiat, para aquellos que no lo conocen, lleva más de cien años muerto.  Sin embargo, de manera casi espontánea y seria, varios ciudadanos franceses de corte liberal, han organizado esta campaña que tiene como objetivo invocar la visión liberal de este conocido economista para crear consciencia y verdadera crítica hacia los programas que los candidatos presidenciales les quieren imponer.  Para alcanzar la reducción del tamaño y alcance del Estado y sus gastos, semillas de la crisis económica actual, los ciudadanos detrás de esta iniciativa reclaman más libertades y responsabilidades individuales, en contraposición a la propuesta general de los candidatos a la presidencia por más asistencia, intervencionismo y paternalismo estatal.  Si bien los liberales en Francia existen aún, no se encuentran realmente representados en un partido político, a pesar de la existencia de un Partido Demócrata Liberal que no necesariamente cumple a raja tabla estas ideas.

Liberales franceses en la historia los hay por montones, y sus brillantes mentes siguen influenciando a millones hoy en día.  Sus obras y escritos son como una especie de herencia con la cual los individuos franceses y del mundo podrán contar siempre para protegerse del malintencionado discurso político y de sus tecnócratas.  Siento una sana envidia, porque mientras los franceses hoy en día pueden darse el lujo de invocar a verdaderos liberales de su historia, los ecuatorianos invocamos a dictadorzuelos cubiertos bajo el manto de una falsa revolución liberal que nunca ha existido.  Recordemos que Eloy Alfaro (y su revolución de 1895) aparte de inspirarse, como bien lo describió Alfonso Reece, en el Jacobinismo francés de finales del siglo 18 (una especie de estatismo intervencionista totalitario), era miembro de la franco-masonería, la cual junto con los radicales socialistas de la época, compartían una doctrina conocida bajo el nombre de Solidarismo (ver: Léon Burgeois, y Célestin Bouglé).

Por lo tanto es evidente que La Revolución Ciudadana en Ecuador, con su conocido discurso “social y solidario”, no dude en hacer de Eloy Alfaro el símbolo de su bandera.  Pero sería un error omitir que, en total oposición al liberalismo, todas las obras y medidas del gobierno de Eloy Alfaro, buenas o malas, fueron imposiciones centralmente planificadas y coordinadas a través del monopolio de coerción del Estado.  Y como decía Faviola Rivera Castro, ”El liberalismo contemporáneo se inscribe dentro de la tradición anglo­estadunidense, desde John Locke hasta John Rawls. dentro de esta tradición, la laicidad nunca ha sido considerada un valor político importante. rara vez se le menciona, y cuando se hace, es para negar que un Estado liberal pueda ser laico. La razón principal de esta postura es que un Estado liberal protege el pluralismo religioso y la tolerancia, mientras que un Estado laico no es neutral en cuestiones religiosas”. 

Lo que me recuerda las evaluaciones obligatorias a las que debían someterse los alumnos de colegios católicos en tiempos de Alfaro, evaluaciones dirigidas por profesores laicos del Estado.

Puedo imaginar la cara de indignación del General Eloy Alfaro (el falso liberal) al escuchar la frase que Frédéric Bastiat (un verdadero liberal) dijo una vez: “Me es imposible concebir una Fraternidad legalmente forzada, sin que la Libertad sea legalmente destruida, y la Justicia legalmente pisoteada”.

¡Frédéric Bastiat 2012!

La primavera árabe y el mártir capitalista

La primavera árabe y el mártir capitalista

Por Aparicio Caicedo

Quién lo diría. La Primavera Árabe fue el efecto de la sublevación de un comerciante “informal” contra un Estado que lo ahogaba con impuestos y regulaciones. Sí, esa esa es la historia que nos cuenta Hernando de Soto en Foreign Policy: “The Real Mohamed Bouazizi“. Se prendió fuego el tunesino frente a una oficina del Gobierno, en su pueblo, y terminó incendiando políticamente a toda la región. No se trataba de un activista ideológico. Se trataba de un ser humano ambicioso que solo quería ser libre para comerciar pacíficamente, ahorrar dinero y poder adquirir bienes de capital que le permitan ser más productivo.

Su objetivo tenía nombre y era bastante concreto: ahorrar para comprar una camioneta Izusu que le permitiera transportar sus mercancías.  Pero el aparato represivo del Gobierno tunesino lo perseguía, para pagar impuestos y permisos burocráticos que simplemente estaban fuera de su alcance, como explica De Soto:

Bouazizi might have tried legalizing his business by establishing a small sole proprietorship. But that’s easier said than done. We calculated that doing that would have required 55 administrative steps totaling 142 days and fees amounting to some $3,233 (about 12 times Bouazizi’s monthly net income, not including maintenance and exit costs).

Un día llegaron los gendarmes del “bien común” y la “justicia social”; le arrebataron todo, le quitaron su medios de subsistencia, las mercancías compradas a crédito. Le arruinaron la vida:

Indeed, by running against the goodwill of the authorities he not only lost his fruits and scale, but also his access to property, credit, and future capital. His merchandise had been bought on credit; once it was confiscated, he couldn’t sell it to pay his creditors back. Because his working tools were confiscated, he had lost his capital. Because the customary arrangement to pay authorities 3 dinars daily for the property right to park his vendor’s cart in 2 square yards of public space had been terminated, he lost his access to the market.

Y así decidió prenderse fuego. Murió semanas después. Su caso avivó la llama revolucionaria en el Magreb, en Egipto, y hasta en Libia. La revista Time lo mencionó como la razón primordial para nombrar de personaje del año a “the protester”. Quién lo diría. Él, un capitalista de cepa, que lo único que quería era más libertad de empresa, es hoy idolatrado por los activista de Ocuppy Wall Street, que buscan exactamente lo contrario.

Un activista del capitalismo se convirtió así en un héroe anticapitalista. Cosas de la vida.

Lean el artículo.

Más Ron Paul y menos Paul Krugman

Más Ron Paul y menos Paul Krugman

Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com

Lean, y comparen. Saquen sus propias conclusiones.

Ron Paul, 2003:Como todas las burbujas artificialmente creadas, el boom en los precios inmobiliarios caerá, los dueños de las casas experimentarán dificultad mientras su patrimonio es barrido. Más aún, los tenedores de títulos de deuda hipotecaria también tendrán una pérdida. Estas pérdidas serán mayores de las que hubiesen sufrido en circunstancias distintas“.

Krugman, 2002:Para luchar contra la recesión la Fed necesita más que contestar drásticamente; necesita un incremento en el gasto de los hogares para compensar la moribunda inversión empresarial. Y para hacerlo Alan Greenspan necesita crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar a la burbuja puntcom“.

¿Es Ron Paul un profeta o un genio superdotado? No, simplemente tiene una concepción realista de la economía, se ha formado en la tradición doctrinal austriaca. Los economistas “austriacos” vienen explicando y previniendo todo este desastre hace muchos años; comprenden que la culpa de las recesiones está en la interferencia de los Gobiernos, no en el libre desempeño del mercado. Pero pocos parecen escuchar.

Visto lo visto, ¿quién creen que tenía la razón al final?, ¿quién creen que tiene la razón ahora? No siempre se dejen deslumbrar por un Premio Nobel.

Schiff explica por qué ningún ‘estímulo’ servirá

Schiff explica por qué ningún ‘estímulo’ servirá

Por Miguel Castañeda C. 

Para quienes no lo conocen, Peter Schiff es  presidente de la Euro Pacific Capital Inc., con estudios en la Universidad Berkeley de California, seguidor de la escuela austríaca de Economía.

Schiff es asesor económico de Ron Paul.  Su opinión en el plano económico está ganando cada día más adeptos. Fue uno de los pocos que predijo la burbuja inmobiliaria y la debacle económica de 2007-2008.  Cuando el resto de economistas y expertos hablaban de bonanza perpetua en 2006, él hablaba de recesión inminente.

En su última intervención ante el Comité de Empleo del Congreso de Estados Unidos, Peter Schiff explicó los problemas ocasionados por las continuas intervenciones del Gobierno en la economía.  Comenta que los planes de estímulo del Gobierno nunca podrán hacer crecer la economía ni podrán crear puestos de trabajo, y que, al contrario, están impidiendo al mercado libre corregir los problemas de varios años de malas políticas monetarias y fiscales.

“No necesitamos más gasto y consumo, necesitamos lo opuesto, es decir ahorro, inversión y producción”.

Él explicó que los trabajos en el mercado libre provienen de dos cosas: de las ganancias y del capital.  Se necesitan a los dos para crear trabajos.

“Si no hay trabajos suficientes, entonces qué estamos haciendo mal para que éstos trabajos no existan?”.

Para que un empresario contrate a alguien, necesita evaluar la posible ganancia de esa acción, es decir, necesita calcular si la persona que va a contratar le representará más valor que el costo de emplearlo.  Este costo de emplearlo no solo incluye el salario pagado, también incluye los beneficios obligatorios a repartir , los impuestos a pagar y, el más importante, el riesgo legal que conllevan tantas reglas y regulaciones estatales que no hacen nada para proteger a los clientes sino que provocan gastos administrativos y legales excesivos, que provocan que pequeños y medianos empresarios estén más preocupados en buscar formas de hacer crecer sus negocios sin tener que contratar a nadie.

El otro factor que permite crear empleos es el capital. El empresario puede contratar personal porque posee capital, o sea las herramientas que los empleados no poseen, como fábricas, maquinaria, sistemas informáticos, marcas, etc.  Y éste capital proviene del ahorro o, lo que es lo mismo, de la privación del consumo presente.  El ahorro puede ser del empresario o de un tercero al cual el empresario puede prestar.  Pero actualmente no hay dinero para prestar, puesto que todo se va al Gobierno o hacia algún programa que el gobierno haya garantizado.  Las tasas de interés actuales de casi cero por ciento, perjudican al ahorro y promueven el consumo.

Schiff indica que la única forma de aumentar la demanda de mano de obra es reduciendo las regulaciones que han incrementado los costos de empleo, como por ejemplo la eliminación del salario mínimo.  Critica el nuevo plan de Obama de creación de empleos mediante reducción de impuestos en la nómina de sueldos de las empresas que contraten a personas que hayan estado paradas por un largo período:

“los déficits que se crearán para financiar esa reducción de impuestos, socavarán aún más la economía y destruirán más puestos de trabajo que cualquier beneficio que podamos obtener de un ingreso extra gastado, puesto que el problema real es que el gobierno y su excesivo gasto está dañando a la economía.”
Continúa diciendo que el objetivo del plan de Obama es hacer ilegal la discriminación a empleados que hayan estado parados por más de seis meses, lo que traerá como consecuencia que nadie que tenga menos de seis meses de desempleo será tomado en cuenta para un trabajo, puesto que ningún empresario querrá arriesgarse a un litigio legal.  A la larga, este estímulo para crear empleo mediante la reducción de impuestos por contratación influenciará el sistema de salario mínimo, reduciendo sustancial y temporalmente el coste del salario mínimo por un período de seis meses, lo que creará varios trabajos de salario mínimo sobre una base temporal. Esto no lo hará ninguna clase de estímulo, que solo destruiría más puestos de trabajo sin hacer nada para reducir el déficit público.  Agrega, entre otras cosas, que para ayudar a reducir el déficit hay que terminar las guerras en Irak y Afganistán, y cortar el presupuesto de armamento del pentágono.
“La recesión es parte de la cura, la razón por la cual no podemos tener una recuperación real, es porque el gobierno no nos permite tener una real recesión, no permite al mercado hacer la necesaria reestructuración.  Es imposible mantener una economía basada en el gasto de dinero prestado, y no basada en el ahorro, la inversión y la producción”.
Schiff ilustra una solución real con un ejemplo real:
“Henry Ford no habría podido nunca crear un producto de alta calidad, a bajo precio y pagar los salarios más altos del mundo a sus empleados, sino hubiera sido gracias al sistema de producción en serie que inventó, a las pocas regulaciones gubernamentales (salarios mínimos y sindicatos inexistentes) y al pequeño aparato estatal de la época (muy bajos impuestos).  Si se quiere recrear la industria estadounidense, hay que recrear ese ambiente”.

En la misma sala se pudieron también escuchar otros argumentos menos objetivos y con tintes keynesianos como los de Heather Boushey quién afirma que Estados Unidos es un país con “bajos impuestos y bajo gasto público” en relación con otros países y que puede darse el lujo de continuar gastando al ritmo actual; y del congresista demócrata Elijah Cummings, quien recalcó que invertir en la educación pública de los jóvenes es vital y que el no educar propiamente a cada niño es una “amenaza a la seguridad nacional”.

Quién ofrece argumentos sólidos y soluciones lógicas?  Júzguelo usted mismo.