El discurso anticapitalista del franquismo

Por Aparicio Caicedo 

Mientras más lo investigas, más se parecen. Me refiero a los dos mayores enemigos doctrinales del liberalismo: el fascismo y el socialismo. Y, desde luego, ambas corrientes se declararon y declaran enemigas del capitalismo. ¿Por qué? Básicamente porque las dos corrientes son manifestaciones elaboradas de nuestros instintos tribales más básicos, de esa parte de nosotros que se rebela contra la incertidumbre del cambio hacia una sociedad más abierta, hacia una sociedad más capitalista, hacia una sociedad de individuos libres y responsables.

Si no me creen, vean este discurso del Secretario General de la Falange, movimiento fundamental en el régimen del dictador Franco, pronunciado en 1945. Contiene todos los clichés demagógicos que se pueden escuchar en un discurso de Chávez, Correa o Evo: que el capitalismo pone al capital sobre el ser humano, que no se puede tratar el trabajo como una mercancía, que el capitalismo es malo malísimo, blablabla.

Bien lo señaló Popper, en La Sociedad Abierta y sus Enemigos:

“El totalitarismo moderno es sólo un episodio dentro de la eterna rebelión contra la libertad y la razón. Se distingue de los episodios más antiguos, no tanto por su ideología como por el hecho de que sus jefes lograron realizar uno de los sueños más osados de sus predecesores, a saber, convertir la rebelión contra la verdad en un movimiento popular…”.

Decía con razón Hayek que “la idea de colocar de nuevo a la humanidad bajo el imperio de sus primitivos instintos es una proposición históricamente tan recurrente como la lluvia en la naturaleza”.

El Intelectual y el Empresario

El Intelectual y el Empresario

Por Aparicio Caicedo C. 

Galeano: ejemplar de especie “tipicum intelectualus latinoamericanum”. Se lo reconoce por poner pose de bohemio parisimo mientras le hace odas a la Pacha Mama y reniega de cualquier cosa extranjera. Le cabrea el capitalismo, pero es best-seller del Corte Inglés. No muerde si su ego está alimentado.

Original publicado en El Universo.

Desde los días del imperio español, en América Latina se ha satanizado el lucro privado. Esa es una tara heredada del conservadurismo ibérico, fermentada por un nacionalismo cursi y gorilesco, con dosis crecientes de marxismo. En el terreno intelectual, esta tendencia es clarísima: no hemos tenido un solo Locke, un Bastiat o un Mises. Por el contrario, la mayoría de nuestros más notorios pensadores han sido eso que Popper llamó “enemigos de la sociedad abierta”, guardaespaldas intelectuales del caudillismo.

Hemos construido, en consecuencia, un muro artificial entre emprendedores del mundo de la cultura y aquellos del mundo de los negocios. Y ese ha sido un error que muy caro nos ha costado. Los empresarios latinoamericanos han olvidado la importancia de las ideas, y en consecuencia han despreciado, con pocas excepciones, a la cultura. La reacción es en parte una respuesta natural a la hostilidad habitual de intelectuales hacia “lo comercial”, pero también es consecuencia de una profunda banalidad torpemente confundida con pragmatismo por parte de los empresarios. Por el contrario, si hay algo que ha hecho bien la izquierda es cultivar las ciencias sociales, contando para ello con las arcas públicas. Y muchos de nuestros humanistas más brillantes se han refugiado en centros de estudio donde se fermentan toda clase de tópicos antiliberales (qué mejor ejemplo que la leyenda negra de la “larga noche neoliberal”).

Gran parte de esa intelectualidad latinoamericana, que enfrentó en décadas pasadas los peores abusos de las dictaduras militares, se ha reciclado hoy en legitimadores –directos o indirectos– del poder estatal. Ahí donde prevalece el caudillismo ocupan altos cargos, como funcionarios o asesores, reciben generosas ayudas y subsidios para sus proyectos. Pero ya no lo hacen para servir principios, sino al mesías de turno. Para ello han pasado años refinando sus premisas y tienen muy bien articulados sus argumentos contra el emprendedor privado. Más aún, no encuentran ningún tipo de contrapeso convincente en el debate. La defensa de la sociedad abierta casi no cuenta en nuestro medio con académicos equipados para contrarrestar los embustes teóricos del socialismo.

Hay que comenzar por superar esa falsa división entre el mundo de los negocios y el de la cultura. Pertenecemos todos a una sola categoría general: la del emprendedor, la del ser humano que decide perseguir sus fines de manera legítima, procurándose los medios necesarios en la medida de sus posibilidades. No existen clases sociales sino solo clases de personas, decía José Ortega y Gasset. La diferencia está entre aquellos que deciden tomar las riendas de su vida, exigiéndose más que los demás, y aquellos para los que “vivir es en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismos”.

La defensa de la libertad, además, no puede quedarse en la mera devoción retórica y emocional. Porque así quedamos desarmados ante los malabares argumentativos de toda una legión de cheerleaders intelectuales que conocen bien su guión. Por el contrario, necesitamos nichos de pensamiento, para profundizar en cuestiones éticas, filosóficas, económicas y jurídicas que resultan muy complejas, que requieren tiempo y dedicación. Sin ideas claras no tenemos rumbo, y somos incapaces de generar ilusión. Sin ideas solo queda una sensación ilusoria de pragmatismo.

Por qué no existe el “derecho a la información”

Por qué no existe el “derecho a la información”

Por Aparicio Caicedo C.

Encontré un artículo muy interesante del profesor Gabriel Zanotti, sobre el supuesto “derecho a la información” del que se repletan la boca todos los nuevos agoreros de la regulación de los medios en América Latina.

“Los medios tienen obligación de dar “información objetiva”, sin distorsiones, en sus franjas informativas, etc”: así más o menos reza la cantaleta. El problema es que no existe tal cosa como una “información objetiva”, por tanto no puede existir derecho a ella, ni obligación jurídica de brindarla. Comenta Zanotti:

…lo más interesante radica en el grave error epistemológico que presupone la palabra “información”. Presupone que hay distinción entre hechos, objetivos y verdaderos, y opiniones, “subjetivas”. No es sólo “doctrina Cristina Kirchner”: es lo habitual de la bibliografía sobre ese tema. Pero claro, si es así, un gobierno podría decir que un medio está “abusando” de la libertad de prensa (que comienza a ser denigrada en el discurso como una mera libertad de empresa) ocultando la “información objetiva” para atacar al gobierno en cuestión. De allí a proyectos de control y estatización de medios para “garantizar la información objetiva”, y “el derecho que el pueblo tiene a la información”, hay sólo un paso, que todos los actuales dictadorzuelos latinoamericanos ya están dando (con Chávez a la cabeza, desde luego). Pero el error no es sólo de los Kirchner o los Chávez, a los cuales no se les podría reprochar su falta de formación en epistemología y hermenéutica. El error es de todos aquellos que suponen que la función periodística es transmitir hechos en bruto, sin la “contaminación” del comunicador en cuestión. Se ignora que todo ser humano, cuando habla, medios de comunicación incluídos, emiten mensajes, que son proposiciones formadas desde el horizonte de precomprensión (horizonte cultural) del hablante. Por lo tanto, todo lo que una persona dice está influida por su cosmovisión del mundo, incluso lo que parezca más evidente al destinatario del mensaje. Podemos decir “Obama es el presidente de los EEUU”, y es real, es verdadero (no hay ninguna oposición entre interpretación y verdad) pero en ese caso estamos interpretando lo que significa ser presidente desde nuestro horizonte cultural. Además, todo mensaje es un acto del habla, y todo acto del habla es acción (Wittgenstein), y tiene por ende una intención, que puede ser perfectamente noble, honesta, o no. Pero la tiene. El sujeto siempre está presente en el mensaje, y los mensajes, el lenguaje, son parte concomitante del tejido social; no son meros transmisores. Por ende, es obvio que no hay “información” si por información se entiende “mensajes neutros de sujetos”. Lo humano es el conocimiento, esto es, interpretación. Y por ende todo medio de comunicación comunicadesde un punto de vista. Si ese punto de vista no agrada al gobierno de turno, esa es precisamente la ventaja de la libertad de prensa en un sistema democrático. Pero si dejamos de hablar de libertad de prensa y comenzamos a hablar de un derecho a la información, suponiendo además que hay una información “objetiva” que el gobierno tiene como función proteger, para que los perversos medios capitalistas no la falseen…. Está todo perdido.

Otra cosa que menciona Zanotti,  que comparto plenamente y que además es aplicable a cualquier país:

La pregunta debería ser más amplia: ¿debe haber legislaciones específicas que regulen la libertad de prensa?

La pregunta supone una distinción que habitualmente no se hace: derecho de legislación. “Derecho” se refiere más bien a los derechos personales básicos; “legislación” indica en cambio disposiciones administrativas para la administración de bienes públicos. Lamentablemente toda la inflación legislativa que han sufrido las naciones occidentales, y América Latina en particular, ha implicado que los derechos hayan sido sistemáticamente violados por las “leyes” que reglamentan su ejercicio….

Estado de Propaganda

Estado de Propaganda

Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com

Original publicado en el diario El Universo (Ecuador).

Ecuador, durante el último año, se ha convertido en un Estado de Propaganda. La política nacional se ha transformado en un reality show producido y dirigido por la Secom. Se han esforzado mucho, sin escatimar con el dinero público, y han tenido relativo éxito. Pero han fallado en el principal objetivo de su masiva campaña publicitaria.

El márquetin oficialista ha promovido distintos “productos” a lo largo de estos años. Algunos de ellos se han vendido bien. Han logrado vender como pan caliente, por ejemplo, las leyendas negras acerca de los medios como parte de una confabulación del “capital”. No me sorprende tanto, porque durante los días de la crisis bancaria sí que vimos un manejo inescrupuloso de algunos medios privados vinculados a la banca (que hoy, valga recordar, se encuentran bajo el absoluto control del Gobierno). Es normal que seamos presa del resentimiento ante ese recuerdo, y optemos por el facilismo argumentativo de generalizaciones absurdas, alimentadas por un ejército de cheerleaders a sueldo.

El equipo del Mashi cuenta con un abultado presupuesto que le permite contratar la mejor asesoría para perfeccionar sus técnicas. Solo unos cuantos ejemplos recientes: en agosto del presente año, el experto colombiano en nuevas tecnologías de la información, Germán Escorcia Saldarriaga, recibió 38 mil dólares por una consultoría en “institucionalidad ejecutiva”; otro recibió 42 mil, etcétera. El mismo mes se contrató a una empresa de comunicación, por un monto de 498 mil dólares, para promocionar una iniciativa concreta del Gobierno. Por otra parte, una asesora recibió 46 mil dólares por aconsejar mejores mañas de “propaganda gubernamental”. Y esto sin mencionar la compra constante de tecnología de punta y demás.

¿Quién más tiene una bolsa de gasto sin fondo, financiada con dinero ajeno?, ¿quién más puede darse el lujo de rellenar su arsenal propagandístico sin preocuparse por sus balances de pérdidas y ganancias?

Sin embargo, paradójicamente, lo único que no han podido vender es su producto estrella del año: la disparatada tesis del intento de golpe de Estado, el cacareado 30-S. Simplemente, un año después, su teoría no encaja. Y eso que lo intentan todo: logo, banda sonora, documentales a medida, conciertos, mentiras, pancartas, vigilias, marchas con antorchas, publicidad, vallas gigantes, enlaces sabatinos, redes sociales, periodistas, artistas y geeks a sueldo, etcétera. Solo falta que saquen el videojuego, o la película (subsidiada por el Ministerio de Cultura, claro).

Ecuador hoy vive un Estado de Propaganda, no de opinión, y menos de Derecho. Es la Casa del Gran Mashi. Todo un equipo de producción trabajando a tiempo completo. Su eslogan es uno solo: the show must go on. El dinero no es problema, el contribuyente paga la cuenta. Lo importante es mantener el grado de tensión siempre alto. Por la pantalla desfilan jueces hiperactivos, funcionarios complacientes, abogados figuretis, ministros dóciles, todos con guiones detalladamente preparados. El único que puede nominar a los expulsados del juego es el Gran Mashi, y lo hace con frecuencia, para conservar el elevado rating.

Le cedo la conclusión al siempre sabio Camus (El Hombre Rebelde): “El Estado se identifica… con el conjunto de mecanismos de conquista y de represión. La conquista dirigida hacia el interior del país se llama propaganda (el primer paso hacia el infierno…) o represión”.

Legado diplomático de Zapatero en Iberoamérica

Legado diplomático de Zapatero en Iberoamérica

Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com

Original publicado en el diario La Razón (España), bajo el título “Iberoamérica: un puente sobre aguas populistas”.

Para América Latina, la diplomacia del zapaterismo ha sido un continuo y vano zigzagueo, un ritual del sinsentido. ¿Qué han dejado estos últimos ochos años en las relaciones con la región? Nada bueno, eso está claro. Lo que queda todavía por verse es el alcance del descrédito causado.

Cada paso dado fue en vano. El primer plan maestro de Zapatero fue intentar servir de “facilitador” entre Estados Unidos y les enfants terribles de Latinoamérica. Hubiera tenido esto algún sentido si no hubiese olvidado un pequeño detalle: tender primero puentes entre Madrid y Washington. Quiso jugar al pariente rico con acceso al Club VIP, pero terminó él mismo expulsado. Ni de Obama pudo lograr mayores gestos de aprobación.

El canciller Moratinos llamaba a Iberoamérica “el ámbito natural de nuestra política exterior”, pero se esforzó por alienar a la diplomacia ibérica en la zona. Se mimetizó con los adalides del Socialismo del Siglo XXI, en perjuicio del necesario equilibrio de las relaciones con los demás países.

El episodio más surrealista fue develado por Wikileaks. Según informes de la Embajada de Estados Unidos en Madrid, las intrigas entre Trinidad Jiménez y el Canciller eran intensas. La Secretaria de Estado para Iberoamérica fue impuesta por la Moncloa, y tuvo una relación muy mala con Moratinos. Es decir, no existió coordinación entre la responsable de la región y el adalid diplomático. Esto ya nos sugiere el nivel de seriedad con el que se manejó el asunto. Cada uno iba a la suya, buscándose nichos de influencia, mientras los mensajes contradictorios que se trasmitían confundían a Washington, y a todos. Las súbitas visitas del Ministro a La Habana, por ejemplo, dejaron perplejos a propios y extraños.

Uno de los episodios más sugerentes fue el de la venta de armas a Venezuela. Los viajes secretos de José Bono, entonces Ministro de Defensa, a Caracas, para negociar el intercambio comercial, constituyen cuando menos un oscuro pasaje. No es precisamente la mejor forma de defender la paz y la estabilidad regional abastecer el arsenal del líder militarista más díscolo del barrio. Esta movida, según los cables de Wikileaks, generó serias molestias en el propio personal del Ministerio de Relaciones Exteriores. Los demás gobiernos latinoamericanos observaron también este espectáculo, estupefactos.

El “por qué no te callas” del Rey Juan Carlos marcó sin duda un hito, a partir del cual se hizo evidente el desgaste diplomático de Zapatero. Hugo Chávez no contaba con esa reacción. Montó su numerito porque confiaba en que se saldría con la suya, sabía que su amigo de la Moncloa le soportaría la malacrianza. La cara de sorpresa y silencio de Chávez, ante la inesperada reacción del monarca, sirvió de testimonio elocuente. No obstante, al final el barón del petróleo doblegó nuevamente a Madrid, logró luego ser recibido por el Rey y obtuvo disculpas, incluso se permitió un tono burlesco.

La imagen de España en América Latina se ha devaluado, y paradójicamente lo ha hecho de manera más drástica en el sector que ZP quería conquistar. Un informe del Real Instituto Elcano apunta que el “antiespañolismo” es hoy más intenso que nunca entre latinoamericanos que se dicen de izquierda. Los mismos caudillos que Moratinos mimaba con tanto esmero y ayudas no dudan luego en satanizar el “neocolonialismo” español, si resulta aquello necesario para avivar a las masas.

Por su parte, el nombramiento de Jiménez como titular del Ministerio cambió poco las cosas. Su único “logro” ha sido interceder ante la Unión Europea para normalizar relaciones con Cuba, como retribución a la liberación de unos cuantos presos políticos. La Habana es el único interlocutor receptivo que ha dejado en herencia este Gobierno.

Las iniciativas diplomáticas del zapaterismo, además, reflejan su trasfondo ideológico. En su mundo, todo problema social se resuelve creando una instancia tecnocrática de nombre rimbombante,  con eslóganes redentores y una partida presupuestaria infinita. Por ello nunca faltaron proyectos quiméricos y cumbres intrascendentes. Y es que, al parecer, concibió la política exterior como lo hizo con la interna: como un universo moldeable mediante fórmulas de ingeniería social. Si no funcionaba un plan, daba igual, se volvía a experimentar con uno más esotérico y caro.

Madrid e Iberoamérica necesitan y merecen fortalecer relaciones. Hoy España precisa más que nunca de este continente, el mercado natural donde sus profesionales y empresas tienen la invalorable ventaja del idioma común y de la cultura compartida. Muchos jóvenes profesionales españoles han sorteado la crisis cruzando el charco, aprovechando la demanda generada de personal altamente preparado por empresas trasnacionales. Eso es bueno para ambos lados, y puede ser una de las vías de regreso a la prosperidad. Pero hay que dedicarse a lo concreto, a las necesidades reales, y no perder el dinero de los contribuyentes en ilusiones irrealizables e intimidades innecesarias con caudillos beligerantes.

No se debe solo pensar en los intereses de unas cuantas grandes empresas, sino en los cientos de emprendedores, medianos y pequeños, que necesitan agilizar las trabas burocráticas para expandirse en los mercados emergentes latinoamericanos. Uno de los problemas más recurrentes es la poca agilidad de los canales diplomáticos para resolver temas burocráticos de gran simpleza.

No se necesita tampoco un Estado hiperactivo en la política exterior, sino uno eficaz, concentrado en lo pragmático e indispensable, limitado por parámetros éticos claros. La fórmula que necesita el nuevo inquilino de la Moncloa no es complicada. América Latina no es un continente indescifrable para España. Por el contrario, hacen solo falta dosis de coherencia y sentido común, nada más.

Propaganda estatal del 30S, lo mismo de siempre.

Propaganda estatal del 30S, lo mismo de siempre.

La propaganda milenarista, mesiánica, redentora, o como la quieran llamar, sigue siendo el arma de márquetin preferida de los Estados para manipular la opinión. La campaña del 30S lo demuestra. Lo único que cambia son los detalles estilísticos, pero el principio permanece igual: evocación cursiloide de nuestros instintos tribales.

Nótese que en las tres primeras imágenes hay personajes con la mano alzada hacia el horizonte, hacia el futuro posible, hacia el edén prometido. Truquito repetido, pero efectivo. Somos así.

Comparen y saquen sus conclusiones.

Los soviéticos:

Franco, una vez ganada la Guerra Civil Española:


Este no necesita presentación:

Y, desde luego, no podía faltar la propaganda estadounidense durante la Primera Guerra Mundial. De hecho, fue el Gobierno de Woodrow Wilson el que perfeccionó los métodos de propaganda estatal que hoy conocemos, para convencer a su pueblo de ir a morir en la Gran Guerra (ojo, siempre en aras de una supuesta democracia en peligro). Al mando de esta penosa tarea estuvo el entonces ídolo intelectual del movimiento progresista americano, Walter Lippman (ay, los santos progres, tan inocentes ellos, tan humanos).

Análisis comparativo del Proyecto antimonopolio.

Análisis comparativo del Proyecto antimonopolio.

Por Aparicio Caicedo, editor de Tartufocracia.com

Tenía curiosidad de comparar el proyecto de ley antimonopolio que auspician las filas correístas con leyes de otros países. Me llevé una gran sorpresa. Los law-makers del Buen vivir son muy innovadores. De hecho, a contracorriente de otras legislaciones, han decidido que ellos no necesitan órdenes judiciales para meter sus tecnocráticas naricitas en las empresas de otros, y que la carga de la prueba es demasiado pesada para sus burócratas.

Aparte, me impresionó ver que los legisladores oficialistas no han escatimado en tinta. Si comparamos el catálogo de prerrogativas de la cacareada Superintendencia de Control del Poder de Mercado con el de la Federal Trade Commission (EEUU), la Dirección General de Competencia (UE), o la Comisión Nacional de la Competencia (España), veremos que el ente criollo ganaría por goleada, haciendo honor al prefijo “Super”. Pero esto será harina de otro costal

Necesidad de orden judicial

Recuerdan que dijimos que los bienaventurados tecnócratas de la Super tienen capacidad para “exigir” a “cualquier persona la exhibición de cualquier información o todo tipo de documentos”, incluyendo “notas manuscritas”, “agendas personales”, “registros magnéticos”, etcétera. En cualquier momento, la Super queda facultada para realizar inspecciones “con o sin previa notificación”, así como para “utilizar datos de caracter personal” en la investigación (45). Y toda persona, natural o jurídica, está obligada a obedecer “sin necesidad de requerimiento judicial alguno” , y para todo esto la Super puede actuar “de oficio”(47).

En Europa, por ejemplo, no es así. El Reglamento del Consejo (CE) N° 1/2003 señala claramente en el artículo 20 que, cuando la ley local requiera permiso judicial, “el juez nacional verificará la autenticidad de la decisión de la Comisión y de que las medidas coercitivas no son arbitrarias ni desproporcionadas en relación con el objeto de inspección”. Por otra parte, señala que para la revisión de “otros locales, medios de trasporte…incluído el domicilio particular de los empresarios…”, no se podrá proceder sino con “previa obtención de un mandamiento judicial“. El juez podrá verificar que tales medidas no sean desproporcionadas en relación con la infracción presunta, etc.

Más aún, en el caso preciso de la legislación española (Ley 15/2007 de Defensa de la Competencia), que desarrolla el reglamento antedicho, encontramos que (art.40) la Comisión solo puede acceder a la propiedad de terceros para inspeccionar mediante “consentimiento expreso del afectado o, en su defecto, la correspondiente autorización judicial“. La autoridad competente puede dirigirse al juzgado contencioso administrativo (no cualquiera, como en el mashi proyecto) y el juez tendrá que resolver en 48 horas (no en 24, como en los pocos supuestos en que el mashiproyecto requiere de orden judicial).

Desde luego, solo pueden revisar documentos “relativos a la actividad empresarial”, y no “notas manuscritas” y“agendas personales”, como a los curiosos buenos vividores se les ocurrió.

Por otra parte, en Estados Unidos, por ejemplo, se requiere que la agencia específique “con certitud”, cuidadosa y detalladamente aquellos documentos y soportes que serán objeto de inspección; es decir, no puede ir por ahí el funcionario diciendo “quiero ver eso, eso, y eso”, al azar. No obstante, y a pesar de lo que se piensa, la FTC es constantemente demandada ante los tribunales americanos por graves abusos y violaciones del debido proceso constitucional. Imagino que los siempre pudorosos tecnócratas criollos serían incapaces de ello (#not).

La carga de la prueba.

Pero luego viene algo más interesante. Como también señalé, el mashiproyecto en su artículo 45 dice que la Super tendrá la carga de la prueba, pero siempre y cuando el denunciado no “omitiere”, “negare” o “dificultare” el acceso a la información, porque en tal caso “se invertirá la carga de la prueba”. Es decir, o cantas bonito o se presume tu culpa. No hay que pasar por un aula de Derecho para saber que eso es una burrada, hace falta haber visto solo una película de abogados.

Y de nuevo, solo con revisar el artículo 2 del citado Reglamento europeo: “En todos los procedimientos nacionales y comunitarios de aplicación de los artículos 81 y 82 del Tratado, la carga de la prueba de una infracción… recaerá sobre la parte o la autoridad que la alegue“. Y eso no cambia porque no cantes, o si cantas, da igual. Es una mera consecuencia del principio constitucional básico de presunción de inocencia. En Estados Unidos pasa lo mismo, y existe amplia jurisprudencia al respecto.

PD. Creo que el tema de la regulación antitrust está mal planteado de raíz, parte de un error intelectual de base: pensar que el libre comercio lleva inexorablemente a la creación de monopolios, y que es necesaria un ente de regulación que los controle por el bien del libre mercado mismo. Ese es un prejuicio histórico, una leyenda repetida en todos lados, a todos los niveles. Es lo contrario. En un sistema de mercado auténticamente libre la formación de monopolios y cárteles con capacidad de tergiversar las condiciones de competencia es prácticamente imposible, y nunca se ha dado. Todos los monopolios y cárteles “existosos” lo han sido gracias a privilegios estatales, en forma de aranceles, patentes industriales, concesiones, etc. Recomiendo, sobre esto, comenzar por leer la obra de Murray Rothbard, y seguir por la historia de EEUU a finales del siglo XIX y comienzos de XX, que es cuando se aprueban todas estas leyes antitrust (si les interesa, tengo mucha info sobre el tema).